La búsqueda de Emilio “N.” concluyó de la peor manera. Rescatistas localizaron sin vida al joven motociclista que cayó al Canal de Valsequillo, luego de dos días de intensas labores entre Tecali de Herrera y Tecamachalco.
Elementos del Heroico Cuerpo de Bomberos, Protección Civil Estatal, la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Civil Municipal participaron en el operativo hasta recuperar el cuerpo.
La corriente ganó la batalla
De acuerdo con los reportes preliminares, Emilio cayó al Canal de Valsequillo mientras circulaba en motocicleta cerca de la zona. Testigos solicitaron ayuda de inmediato al percatarse de que la fuerte corriente lo arrastró en cuestión de segundos.
Desde el momento del accidente, familiares y amigos mantuvieron la esperanza de encontrarlo con vida. Sin embargo, la fuerza del agua complicó las labores de rescate y el desenlace terminó en tragedia.
Las autoridades realizaron las diligencias correspondientes y trasladaron el cuerpo para continuar con el proceso legal.

Un peligro que todos conocen… pero nadie resuelve
El Canal de Valsequillo carga con un largo historial de accidentes.
Los habitantes de la zona conocen el riesgo, las autoridades también y aún así, cada año la historia se repite.
La falta de infraestructura de protección, de vigilancia y de acciones preventivas convierte ese canal en una amenaza permanente para quienes transitan cerca de él.
La muerte de Emilio no puede reducirse a un simple accidente, también exhibe el enorme fracaso de la prevención.
Siempre ocurre lo mismo, cuando alguien cae al canal aparecen patrullas, lanchas, rescatistas y funcionarios.
Se despliegan operativos, se toman fotografías y se emiten comunicados. Pero antes de la tragedia, casi nunca hay acciones para impedir que suceda.
Lo más indignante es que el Canal de Valsequillo ya tiene un historial de víctimas. No se trata de un riesgo desconocido ni de un hecho extraordinario, es un problema que las autoridades conocen desde hace años y que siguen atendiendo únicamente cuando ya hay una familia destrozada.
Porque en Puebla parece que la prevención nunca es prioridad; lo único que siempre llega puntual es el operativo para recuperar un cuerpo.









