Una Final de Champions con los sentimientos a flor de piel

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Jorge Burgos 

Independientemente de lo futbolístico, que fué muy bueno, en donde el París Saint Germain de Francia se coronó Bicampeón europeo al vencer al Arsenal de Inglaterra en tanda de penales 4-3, después de terminar empatados en 120 vibrantes minutos a un gol, con tantos del alemán Kai Havertz apenas a los cinco minutos por parte del equipo inglés, y por la escuadra francesa el gol lo hizo Ousmane Dembélé al 64′, y más allá de lo que significa un Título de éste tamaño.

Y estamos hablando del mejor torneo de futbol del mundo a nivel de clubes, existe otra batalla, una de la que pocos se dan cuenta, una que, normalmente pasa desapercibida, y ésa es la de las emociones de cada uno de los jugadores de ambos conjuntos, con toda la presión que significa para un equipo que llega a una Final como ésta, y por supuesto, estamos hablando desde los patrocinadores, que tienen su dinero invertido ahí, y que, obviamente, quieren que su inversión se traduzca en campeonatos, y que le pagan a los jugadores verdaderas fortunas, y que presionan al máximo para que así sea, el jugador tiene también, la presión de sus directivos, de su Técnico, hasta de su familia, porque no es lo mismo llegar a casa con un Título.

Con todo lo que eso implica, más fama, más dinero, mejores contratos, y por supuesto, la investidura de héroes, no solo para su misma familia, sino para sus vecinos, amigos etc. pero……… qué pasa del otro lado? el de los que pierden un partido de ésa magnitud, con todo lo que conlleva, desde la frustración, la vergüenza, las críticas, con el hecho de que todo el mundo los señale como los perdedores, ese que, de repente, te puede cerrar puertas, porque no es lo mismo un ofrecimiento para un ganador, que para un perdedor, y tal es el caso del emotivo momento que se vivió ahí, en la cancha, cuando el árbitro pitó el final, y mientras, lógicamente, el equipo francés se desbordaba de júbilo, dejando escapar todas las emociones contenidas, con miles de aficionados festejando con ellos, del otro lado, la cara de decepción, de tristeza, de impotencia, de frustración por no haber logrado el objetivo, esos rostros desencajados, para lo que no importa lo que ganan, que por cierto, son cantidades exorbitantes, y qué pensarán cuando, ni con todo ése dinero, les alcanzó para lograr un Título de Champions League.

Y tal es el caso de Gabriel, jugador brasileño del Arsenal, quien no pudo contener el llanto motivado por la derrota, y más cuando ésa derrota se consumó precisamente por él, porque falló el último penal, el que le dió el triunfo al París Saint Germain y propició la derrota de su equipo, y tanta fué su tristeza y vergüenza, que quedó impávido, deseando no estar ahí en ése momento, y mientras eso sucedía, Marquinhos, jugador brasileño del equipo francés, se dió cuenta por lo que estaba pasando Gabriel, y en lugar de ir de inmediato a festejar con sus compañeros, se dirigió a Gabriel, para darle un emotivo abrazo e intentar consolarlo, y ése gesto, dio la vuelta al mundo, porque más allá de la rivalidad deportiva, existe un vínculo entre ellos, no solo por ser brasileños, porque además, son compañeros en su Selección, sino porque son seres humanos, capaces de sentir la tristeza o pesar de un compañero o adversario, porque acciones como ésa, nos demuestran que todavía existe algo que se ha perdido casi en su totalidad, y se llama empatía, camaradería, más allá de los colores que cada uno defiende, y ésta acción, quizá signifique uno de los momentos más emotivos de ésta Final, independientemente del significado que tiene lógicamente para los ganadores, y es una clara enseñanza de sentimientos, pero también de pasión futbolera, de Fair Play, de emotividad, bienvenidos gestos como éstos, felicidades.

DE TOCHO-MOROCHO