Terminé Euphoria y no sé cómo sentirme

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Yoselin Rodríguez

Terminé de ver Euphoria y me quedé con ese sabor agridulce que dejan las historias que logran atraparte por completo. Es de esas ocasiones en las que te alegras por algunos personajes, pero también te quedas pensando que para otros las cosas pudieron ser diferentes. Que quizá había más historia por contar o mejores caminos por explorar.

Antes de continuar, trataré de no hacer spoilers.

Lo primero que hay que decir es que Euphoria no es una serie familiar. Aunque muchos la conocen por su popularidad en redes sociales, la realidad es que aborda temas fuertes y explícitos. Drogas, alcohol, violencia, sexualidad, salud mental y relaciones tóxicas son parte central de la trama. No es una producción pensada para todo público, sino una mirada intensa y muchas veces incómoda a los problemas que enfrentan algunos adolescentes y jóvenes.

Precisamente ahí radica gran parte de su éxito. La primera y segunda temporada construyen una narrativa intensa y bien pensada, con personajes complejos y situaciones que logran conectar emocionalmente con el espectador. Cada episodio parece tener un propósito claro y las historias avanzan de manera que te mantienen interesado no solo por lo que sucede, sino por lo que sienten los personajes.

La serie consigue algo que pocas producciones logran: hacer que te importe el destino de prácticamente todos. Incluso aquellos personajes que cometen errores constantemente tienen momentos de vulnerabilidad que permiten comprender sus motivaciones.

Sin embargo, cuando llega la tercera temporada, algo cambia. La historia pierde parte de la fuerza que la caracterizaba. La sensación de urgencia, el desarrollo emocional y la profundidad narrativa que distinguieron a las primeras entregas ya no están tan presentes. La trama parece desviarse de aquello que hizo especial a la serie desde el principio.

No significa que la tercera temporada sea completamente mala, pero sí se siente diferente. Mientras la primera y la segunda construían cuidadosamente los conflictos y las relaciones entre los personajes, la tercera parece perder foco en algunos momentos. Hay decisiones narrativas que dejan preguntas abiertas y ciertas historias que no alcanzan el nivel de impacto emocional al que la serie había acostumbrado a su audiencia.

Quizá por eso el final deja sentimientos encontrados. No porque todo esté mal resuelto, sino porque las expectativas eran muy altas. Después de dos temporadas tan sólidas, era inevitable esperar un cierre que mantuviera el mismo nivel de intensidad y profundidad.

Aun con sus altibajos, Euphoria sigue siendo una de las series más influyentes de los últimos años. Su fotografía, banda sonora, actuaciones y la manera en que aborda temas complejos la convierten en una producción memorable. Sin embargo, también es un ejemplo de cómo una historia puede comenzar de forma extraordinaria y, con el paso del tiempo, perder parte de la esencia que la hizo destacar.

Al final, me quedo con el recuerdo de las primeras temporadas. Con esa sensación de estar viendo algo distinto, arriesgado y emocionalmente poderoso. Y aunque el cierre no fue exactamente lo que esperaba, pocas series consiguen que sigas pensando en ellas incluso después de que aparecen los créditos finales.

DE TOCHO-MOROCHO