La violencia volvió a golpear a quienes ocupan un cargo público.
La tarde de este martes, un ataque armado terminó con la vida de María de Jesús Quijada, regidora de Morena en el Ayuntamiento de Tecate, Baja California, y de su esposo, Jesús Pereyra.
De acuerdo con los primeros reportes, hombres armados los atacaron cuando se encontraban en el fraccionamiento Hacienda, donde ambos recibieron múltiples impactos de bala. Las lesiones les provocaron la muerte en el lugar, pese a la movilización de los cuerpos de emergencia.
La Fiscalía ya investiga el doble homicidio
Tras la agresión, elementos de distintas corporaciones acordonaron la zona mientras peritos realizaban las diligencias correspondientes y recababan indicios para integrar la carpeta de investigación.
Hasta el momento, las autoridades no han informado el móvil del ataque ni reportan personas detenidas. La Fiscalía de Baja California mantiene abiertas varias líneas de investigación para esclarecer el crimen.
El asesinato de la regidora ocurre en un contexto donde los ataques contra funcionarios, representantes populares y actores políticos continúan registrándose en distintas regiones del país.
Aunque cada caso tiene circunstancias particulares, este nuevo crimen vuelve a encender las alarmas sobre la inseguridad y los riesgos que enfrentan incluso quienes forman parte de las instituciones públicas.
La violencia tampoco distingue cargos
Cada vez resulta más difícil sorprenderse por una noticia como esta, y ese es precisamente el problema.
Cuando asesinan a una regidora a plena luz del día, junto con su esposo, el mensaje es devastador: la violencia ha rebasado cualquier límite.
Si una autoridad electa puede ser atacada de esa manera, la pregunta es inevitable: ¿qué nivel de protección puede esperar un ciudadano común?
Mientras las cifras de homicidios siguen acumulándose y los discursos prometen estrategias de seguridad, las balas continúan imponiendo su propia ley.
Hoy fueron una regidora y su esposo; mañana, la lista de víctimas podría volver a crecer si la violencia sigue marcando el ritmo de la vida pública en México.









