México perdió el partido, pero la gente volvió a creer en su nación

COMPARTE EN REDES

México quedó eliminado del Mundial tras caer 3-2 ante Inglaterra.

El marcador duele, claro que duele, nadie celebra una eliminación. Sin embargo, por primera vez en muchos años, el sentimiento es completamente distinto.

El Tri no abandonó el torneo escondiéndose ni arrastrándose por la cancha. Peleó cada balón, compitió hasta el último minuto y provocó que millones de mexicanos creyéramos que el famoso “sí se puede” dejara de ser un simple grito en las tribunas para convertirse en una posibilidad real.

Nos hicieron volver a creer

Durante mucho tiempo nos acostumbramos a ver una Selección que se desinflaba cuando más la necesitábamos.

Cada Mundial parecía terminar igual: frustración, coraje y la sensación de que los jugadores no entendían el peso de representar a todo un país.

Esta generación rompió con esa idea.

Desde el primer encuentro mostró personalidad, entrega y un enorme compromiso. Incluso cuando el panorama se complicó, jamás dejó de luchar.

Y eso vale mucho más que una simple derrota.

Un país dividido… pero unido por una camiseta

Mientras el país enfrenta problemas de inseguridad, diferencias políticas, dificultades económicas y una enorme polarización, el fútbol volvió a demostrar que todavía existe algo capaz de reunir a millones de personas.

Logrando que en noventa minutos desaparecieran las diferencias.

No importó por quién votabas, cuánto dinero tenías o en qué estado vivías. En cada rincón, hubo familias reunidas, amigos abrazándose, desconocidos celebrando los goles y millones de corazones latiendo al mismo ritmo.

Por un instante, México volvió a sentirse unido.

Perder contra el mejor también merece reconocimiento

Inglaterra confirmó por qué es una potencia mundial. Aprovechó cada error, mostró experiencia y fue contundente cuando tuvo las oportunidades.

Eso no disminuye el trabajo del equipo mexicano.

Al contrario, la Selección obligó a un rival de primer nivel a exigirse hasta el último minuto. Nunca fue un equipo resignado ni fácil de vencer.

Y la peor derrota sería dejar que todo esto se convierta en un bonito recuerdo.

Este Mundial consiguió que miles de personas volvieran a ilusionarse, a reunirse frente al televisor y a sentir ese nerviosismo que solo provoca creer de verdad.

Esa conexión entre el equipo y su gente no nació de discursos ni de campañas publicitarias. Se ganó dentro de la cancha, con esfuerzo y actitud.

Hay derrotas que avergüenzan y hay derrotas que siembran esperanza.

Esta fue una de ellas.

Porque, al final, eso es México: un país que, incluso en medio de sus problemas, nunca deja de creer.

Un país que ríe, llora, se abraza y se une por una misma camiseta.

Reafirmando qué, cuándo los mexicanos caminamos en la misma dirección, somos capaces de destacar y de convertirnos en una nación más fuerte, más solidaria y más grande. 

DE TOCHO-MOROCHO