El presidente salvadoreño Nayib Bukele asumió este sábado un segundo mandato consecutivo de otros cinco años, con el desafío de disminuir los indicadores de la pobreza y aliviar las finanzas públicas del país más pequeño de Centroamérica, anticipando que podría requerir de una “medicina amarga”.
La popularidad de Bukele, un controversial expublicista de 42 años de edad que inició su primer mandato en 2019, fue catapultada por una guerra contra las pandillas que le permitió reducir el número de homicidios en dos años en 87%, tras la implementación de un estado de emergencia que ha colocado al país entre los más seguros del mundo.
Con vecindarios más seguros, ahora la principal preocupación de la mayoría de los seis millones de salvadoreños es el incremento del costo de vida y del desempleo, que han llevado la pobreza a niveles no vistos en más de un lustro. Desde que Bukele asumió la presidencia, la deuda pública de El Salvador se ha venido incrementando. Al cierre de 2023, la deuda pública total del país centroamericano llegó a 20,000 millones de dólares. De ellos, 12,000 millones corresponden a deuda externa.
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