En Puebla, “El Toñín” ya perdió la vergüenza de esconderse porque sabe que nadie lo va a tocar.
Este 15 de septiembre, Antonio Valente Martínez Fuentes se puso traje de mariachi, tomó el micrófono junto a su hermano Alejandro y le cantó “En mi viejo San Juan” a su mamá, Porfiria Fuentes, quien cumplió 83 años.
Ni una gorra para taparse la cara, ni el más mínimo gesto de estar huyendo de nada.
Las autoridades lo identifican como presunto líder huachicolero en Quecholac, Palmar de Bravo y Acajete, con investigaciones abiertas por robo de combustible desde hace más de un lustro.
El propio gobernador, lo calificó de “delincuente” sin rodeos, y la Secretaría de Seguridad Pública lo vincula además con el intento de linchamiento de cuatro marinos, caso por el que se pidió apoyo federal para su captura.
Y con todo ese expediente encima, hasta hoy sigue sin existir una sola orden de aprehensión que lo saque de sus fiestas familiares.
Así que ahí queda el retrato completo de la impunidad poblana en pleno 15 de septiembre: un huachicolero señalado hasta por intento de linchamiento, cantando rancheras en público, sin capucha, sin escondite y sin que el aparato de seguridad estatal y federal logre, o quiera, bajarle el telón.










