Sydney Sweeney volvió a encontrar la fórmula de la polémica rentable, y esta vez el costo lo están pagando las mujeres que sí se rompen el cuerpo entrenando en serio.
La actriz protagonizó “Just Sports”, campaña de Novig, plataforma de apuestas y predicciones deportivas de la que además es socia estratégica y accionista.
Sydney apareció prácticamente desnuda mientras balones, guantes y equipo deportivo le cubrían el cuerpo en escenas de básquet, futbol americano, tenis, hockey y golf.
Sin embargo, la respuesta llegó rápido y con nombre propio.
Ariarne Titmus, cuatro veces campeona olímpica de natación, calificó el anuncio como un insulto a años de sacrificio y disciplina. Se sumaron la nadadora Lani Pallister, la boxeadora campeona mundial Skye Nicolson y la surfista Felicity Palmateer, compartiendo su propio entrenamiento para exhibir, sin filtros publicitarios, lo que de verdad cuesta llegar a ese nivel físico.
Y el problema no es el cuerpo de Sweeney, ni su derecho a mostrarlo.
El problema es la desfachatez de vender una plataforma “deportiva” reciclando el recurso más viejo y más barato del mercado.
Desnudar a una mujer para llamar la atención, justo en la industria donde las atletas todavía pelean para que las paguen, las transmitan y las respeten por su rendimiento, no por su anatomía.
Sweeney, mientras tanto, ni se disculpó ni dio la cara: se limitó a republicar en Instagram portadas del Body Issue de ESPN, como si comparar un comercial de apuestas con un especial que honra cuerpos atléticos borrara la diferencia brutal entre celebrar el esfuerzo deportivo y venderlo como fondo decorativo para exhibirse.









