Salvatori tuvo una semana para el olvido, primero el TEEP le dio carpetazo a su impugnación contra Morena. Ella misma se acobardó y retiró la demanda, prefirió esperar, calladita, lo que decida la CNHJ que la trae congelada.
Y como si esa humillación fuera poca, después se dejó ver muy campante en pleno festejo del Grito. Ahí le faltó la pulsera oficial que sí traían todos los invitados de verdad.
Cada asistente legítimo cargaba su distintivo de acceso. Salvatori posaba sonriente sin ese detalle, ese pequeño accesorio delata a leguas quién fue invitado y quién se coló por la puerta de atrás.
Nada nuevo en ella, ya tiene historial de simular cercanía y relevancia que la realidad se encarga de desmentir.
Ahora el numerito fue aparecer donde no la llamaron. Quería que la foto dijera “sigo siendo influyente”, aunque su propio partido la tenga en la congeladora.
El contraste no necesita adjetivos, la diputada busca desesperadamente la instantánea que la pinte cerca del poder, sin invitación, sin pulsera y, al parecer, sin la más mínima pena.
Al final, ese pedazo que le faltó en la muñeca cuenta más verdad que cualquier posicionamiento político.
Por fuera, ganas de aparentar y por dentro, una carrera que se sostiene puro hilo, cada vez más deshilachado.










