Pame Garfias
La mañana de este martes 19 de mayo, integrantes de la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios “Rafael Ramírez” (FNERRR) salieron nuevamente a las calles de Puebla para exigir algo que, debería estar garantizado desde hace años: condiciones dignas para estudiar.
Los estudiantes realizaron bloqueos en distintos puntos importantes de la ciudad, entre ellos la Vía Atlixcáyotl a la altura de el CIS Angelópolis, Casa Aguayo y oficinas de la Secretaría de Educación Pública estatal, provocando caos vial y movilización de autoridades.
La protesta tuvo como principal objetivo exigir apoyo para las 20 Casas del Estudiante que opera la organización, además de subsidios para los comedores donde diariamente decenas de jóvenes dependen de alimentos accesibles para poder continuar sus estudios.
Muchas de estas casas enfrentan carencias económicas, falta de apoyo institucional y condiciones complicadas para mantenerse operando, situación que afecta directamente a estudiantes de bajos recursos provenientes de distintos municipios del estado.
Pero las exigencias no se quedaron únicamente en el tema educativo. La organización también pidió atención a comunidades que siguen enfrentando problemas básicos como falta de servicios, obras inconclusas y ausencia de apoyos sociales.
Personal de la Secretaría de Gobernación estatal inició acercamientos con representantes estudiantiles para abrir mesas de diálogo y revisar las peticiones del movimiento.
Detrás del bloqueo y el caos vial, el reclamo de fondo volvió a exhibir una realidad que miles de estudiantes enfrentan no solo en Puebla, sino en gran parte del país: escuelas con carencias, falta de apoyos y jóvenes que muchas veces tienen que luchar más por mantenerse estudiando que por aprobar sus materias.
Porque al final, la pregunta que quedó flotando tras las movilizaciones fue simple, pero incómoda: ¿este realmente es el presente y el futuro educativo que México quiere construir?









