Tras más de una década de audiencias, aplazamientos y una incansable exigencia de justicia por parte de la familia de Paulina Camargo, por fin llegó la sentencia.
Un juez condenó a José María N., conocido como “Chema”, a 56 años de prisión por la desaparición de la joven embarazada y del bebé que esperaba.
La resolución marca un momento clave en uno de los casos que más indignación provocó en Puebla. Durante 11 años, familiares y colectivos mantuvieron viva la exigencia para impedir que el expediente terminara sepultado entre la burocracia y la impunidad.
Un caso que marcó a Puebla
Paulina Camargo desapareció en agosto de 2015. Tenía apenas 19 años y esperaba a su primer hijo.
Desde el inicio, las investigaciones señalaron a José María N., entonces su expareja y padre del bebé, como el principal sospechoso.
Aunque las autoridades nunca localizaron el cuerpo de Paulina, la Fiscalía reunió pruebas suficientes para demostrar la desaparición, lo que convirtió este expediente en uno de los más complejos y mediáticos del estado.
Durante años, la familia enfrentó un proceso judicial lento, plagado de recursos legales, audiencias diferidas y retrasos que parecían alejar la posibilidad de una condena.
La justicia llegó… pero demasiado tarde
La sentencia de 56 años de prisión representa un avance importante, aunque deja un sabor amargo.
Ninguna condena devolverá a Paulina ni al hijo que esperaba.
Además, este caso vuelve a exhibir una realidad que miles de familias conocen de primera mano: en México, obtener justicia suele implicar años de espera, obstáculos legales y un sistema que, con frecuencia, avanza mucho más lento que el sufrimiento de las víctimas.









