Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura de Sinaloa después de 112 días de licencia. Lo hizo por decisión propia y en medio de investigaciones que siguen abiertas por señalamientos de Estados Unidos sobre presuntos vínculos con el crimen organizado.
Y apenas volvió a la silla, desde Palacio Nacional llegó un mensaje que huele a jalón de orejas.
La presidenta Claudia Sheinbaum publicó que ningún interés personal puede estar por encima del pueblo ni de la Nación. También advirtió que poner la ambición de poder por encima del bienestar de la gente termina convirtiendo el poder en arrogancia.

Morena también se lava las manos
El mensaje no llegó solo, la dirigencia nacional de Morena aseguró que no conocía previamente la decisión de Rocha y se deslindó públicamente de su regreso.
Desde la Cámara de Diputados también le pidieron reconsiderar y permitir que las autoridades concluyan las investigaciones. Ricardo Monreal respaldó el deslinde federal y llamó al gobernador a valorar nuevamente su decisión.

Es decir, Rocha regresó a su despacho, pero el respaldo político parece haberse quedado en la puerta. Y ahora hasta su propio partido se apresuró a decir: “esa decisión fue de él”.
Porque el mandatario puede tener el derecho legal de volver mientras no exista una resolución que se lo impida. Sin embargo, eso no significa que nadie cuestione por qué decidió hacerlo.
Además, varios de sus propios compañeros parecen estar haciendo fila para aclarar que ellos no lo mandaron de regreso.
Si esto era una muestra de unidad, alguien olvidó avisarle al resto del movimiento.

Rocha Moya se sacude de acusaciones y vuelve al poder como si nada









