La política poblana volvió a demostrar que las campañas ya no empiezan cuando lo marca el calendario electoral, sino mucho antes y, en muchos casos, desde el anonimato de un teléfono celular.
Antes de que existan candidaturas oficiales, ya circulan videos, rumores, ataques personales y estrategias de desgaste que buscan sacar de la jugada a quienes apenas comienzan a figurar en el escenario político.
Lo ocurrido con Gabriela “La Bonita” Sánchez Saavedra no solo reavivó el debate sobre la violencia política de género; también volvió a exhibir que la guerra por la alcaldía de Puebla ya se juega bajo la mesa, lejos de los tiempos legales y muy cerca de la desinformación.
Cuando ya no atacan las ideas, atacan a la persona
El contenido difundido contra la secretaria de Deporte y Juventud dejó de lado cualquier debate sobre resultados, políticas públicas o capacidad administrativa.
En cambio, expuso señalamientos relacionados con su salud derivados de su pasado como boxeadora, un tema que no ha sido acreditado públicamente y que abrió un nuevo debate sobre los límites de la confrontación política.
Inventar, difundir rumores o utilizar características personales para intentar desacreditar a una mujer ya pertenece a otro terreno.
El problema no es solo el video
Después de la difusión del material, la dirigente estatal de Morena, Olga Romero Garci-Crespo, calificó los hechos como un posible caso de violencia política de género y pidió que se presentaran las denuncias correspondientes.
Posteriormente, la Secretaría de las Mujeres también condenó la violencia digital y la difusión de información no verificada contra Gabriela Sánchez.
Pero el fondo del problema va mucho más allá de una denuncia.
La verdadera pregunta es, ¿cómo la política poblana llegó al punto en que resulta más rentable fabricar campañas de desprestigio que presentar propuestas?…
La elección de 2027 ya empezó… aunque nadie quiera admitirlo
Cada grupo mueve sus piezas; cada aspirante fortalece su imagen; cada equipo prueba estrategias digitales, y al mismo tiempo, aparecen campañas negras que nadie firma, pero que todos comentan.
Lo curioso es que oficialmente todavía no hay campañas.
Extraoficialmente, la contienda parece ir en el segundo tiempo.
Y hoy fue Gabriela Sánchez, mañana puede ser cualquier otra mujer que aspire a un cargo público.
Si los ataques personales, la desinformación y las campañas digitales se convierten en la nueva forma de hacer política, el mensaje será muy claro: cualquiera que levante la mano para competir deberá prepararse no solo para el debate público, sino también para soportar campañas de desprestigio.
Porque cuando la discusión deja de centrarse en proyectos de ciudad y comienza a girar alrededor de rumores, cadenas de WhatsApp y ataques personales, ya no gana el mejor perfil.
Gana quien tenga el equipo más eficiente para destruir al adversario.
Y esa es una señal preocupante para Puebla. Porque antes de que aparezcan las boletas, la política ya empezó a perder.









