En Puebla, perder la alcaldía por culpa de la Fiscalía dejó de ser exclusivo de un partido y el gobernador, Alejandro Armenta se encargó de recordarlo.
Aseguró que, así como cayeron ediles de Morena y Movimiento Ciudadano, también existen investigaciones abiertas contra expresidentes municipales del PAN por su presunta relación con hechos delictivos.
El dato desmonta la idea de que solo un color carga con el peso de la delincuencia municipal, porque en esto de gobernar y delinquir, ningún partido en Puebla puede presumirse limpio.
De los siete alcaldes detenidos en el estado en los últimos dos años, cuatro son de Movimiento Ciudadano y tres del bloque Morena-PT.
Del PAN, aún no hay ninguna captura confirmada, pero sí procesos abiertos y órdenes de aprehensión pendientes contra exfuncionarios azules.
Y ahí está el punto que de fondo importa: dar parejo, sin distinguir colores, porque el poder tiene esa costumbre de borrarle los valores a cualquiera, sea de izquierda, derecha o de plano de cartón.
El PAN puede seguir señalando con el dedo, mientras sus propios casos avanzan a paso de tortuga, pero la investidura no blanquea a nadie: cuando el poder toca la puerta, ahí se les olvida el discurso, el uniforme y hasta el partido.
Al final, la lección es simple, en Puebla el delito no distingue siglas, y aunque los azules quieran presentarse como la oposición ejemplar, la realidad es que también tienen expedientes pendientes.









