Rubén Rocha Moya no aguantó ni dos días en la silla. Después de regresar a la gubernatura de Sinaloa, el morenista volvió a pedir permiso para separarse del cargo.
Esta vez lo hizo por más de 30 días y con carácter indefinido. La solicitud llegó este sábado al Congreso estatal.
El gobernador apenas había retomado sus funciones el viernes. Su regreso provocó una tormenta política dentro de Morena, donde dirigentes, legisladores y 23 gobernadores marcaron distancia y le pidieron actuar con “madurez y responsabilidad”.
Regresó con la frente en alto y salió corriendo
Rocha había defendido su regreso, aseguró que era inocente de los señalamientos en su contra y que las acusaciones eran parte de una estrategia política.
Pero la respuesta de la 4T fue bastante menos cariñosa. Y ahora, en menos de 33 horas después de volver al despacho, vuelve a pedir licencia.
La nueva solicitud no significa que haya una resolución judicial en su contra. Rocha mantiene su postura de inocencia y las investigaciones continúan.
Pero políticamente, el espectáculo resulta difícil de ignorar. Porque su regreso duró menos que una quincena
Rocha acompañó su nueva solicitud con una frase: “Sinaloa, la nación y el movimiento de transformación están por encima de todo”.

Y vaya que el mensaje llegó después de recibir una buena dosis de realidad política.
Porque si ayer parecía que Rocha quería demostrar que nadie podía quitarlo de la silla, hoy parece que esta le terminó siendo demasiado incómoda.









