Cuando las autoridades no responden, los ciudadanos terminan haciendo lo único que les queda: bloquear una de las carreteras más importantes del país.
Habitantes de la colonia México 83 cerraron la autopista México-Puebla, a la altura de Villa Frontera, en ambos sentidos para exigir una solución definitiva a las inundaciones que, aseguran, cada temporada de lluvias convierten sus calles en auténticos ríos.

Vivir entre el agua… y las promesas
Los vecinos denunciaron que la acumulación de agua provoca afectaciones constantes en viviendas, negocios y vialidades. Aseguran que el problema no es nuevo y que, pese a los reportes y solicitudes, las soluciones siguen sin llegar.
Con pancartas y el cierre de la circulación, exigieron que las autoridades atiendan un problema que, dicen, conocen perfectamente desde hace años.
La protesta provocó largas filas de vehículos y complicaciones para miles de automovilistas que intentaban ingresar o salir de la ciudad.
Muchos conductores expresaron su molestia por el bloqueo. Sin embargo, otros reconocieron que los vecinos recurrieron a esta medida porque, de otra forma, difícilmente habrían llamado la atención de las autoridades.
Cuando el gobierno no escucha…
Cada temporada de lluvias deja la misma escena: calles inundadas, viviendas afectadas y familias perdiendo parte de su patrimonio. Lo que cambia es el lugar donde estalla el enojo ciudadano.
La protesta en Villa Frontera deja una pregunta incómoda: ¿por qué los habitantes tienen que paralizar una autopista para conseguir algo tan básico como ser escuchados?
Nadie bloquea una carretera por gusto.
Quien decide afectar a miles de personas normalmente lo hace porque siente que ya agotó todas las puertas institucionales y nadie respondió.
Lo verdaderamente preocupante no es el cierre de la autopista. Lo grave es que la ciudadanía tenga que llegar a ese extremo para que el gobierno voltee a verla.
Si las autoridades atendieran los problemas antes de que se convirtieran en una crisis, los bloqueos no serían el último recurso de quienes llevan años viviendo entre el agua, el lodo y las promesas incumplidas.
Porque cuando un gobierno deja que un problema se repita temporada tras temporada, el agua deja de ser el único desbordamiento; también se desborda la paciencia de los ciudadanos.









