¿Y el Ayuntamiento?, Ambulantes hacen de las suyas en el Centro

COMPARTE EN REDES

Si encontrar estacionamiento en el Centro Histórico ya era un reto, ahora parece misión imposible.

Automovilistas y comerciantes volvieron a denunciar que varios cajones de parquímetros permanecen ocupados por vendedores ambulantes, franeleros y hasta objetos utilizados para apartar lugares.

El problema afecta principalmente calles del primer cuadro de la ciudad y también se extiende hacia la Avenida Juárez.

El espacio es público… pero ya tiene “apartado”

De acuerdo con las denuncias ciudadanas, algunos cajones permanecen bloqueados con carpas, huacales, diablitos, cajas e incluso mercancía. En otros casos, personas apartan los espacios y luego cobran a los automovilistas por permitirles estacionarse.

La situación no solo complica la movilidad. También golpea a los comercios establecidos, cuyos clientes simplemente prefieren irse al no encontrar un lugar disponible.

¿Y los operativos?

El Ayuntamiento ha anunciado en distintas ocasiones operativos para ordenar la vía pública y liberar espacios. Sin embargo, las denuncias por la ocupación irregular de cajones siguen apareciendo una y otra vez.

Eso ha provocado que muchos ciudadanos se pregunten si los operativos realmente funcionan o si únicamente duran lo que tardan las cámaras en retirarse.

El programa de estacionamiento rotativo nació con la promesa de mejorar la movilidad y facilitar el acceso al Centro Histórico. Pero cuando los cajones permanecen invadidos, el ciudadano termina pagando por un servicio que, en muchos casos, ni siquiera puede utilizar.

Y entonces aparece la pregunta que más molesta: ¿para qué instalar parquímetros si nadie garantiza que los espacios permanezcan libres?

Los poblanos no exigen milagros, lo único que exigen es orden.

Porque si el Ayuntamiento cobra por el uso de un cajón de estacionamiento, lo mínimo que debería garantizar es que ese cajón esté disponible y no convertido en extensión de un puesto ambulante o apartado con cajas y mercancía.

Resulta irónico que la autoridad tenga la capacidad de cobrar por ocupar un espacio público, pero no la misma eficacia para impedir que otros se adueñen de él.

Al final, el ciudadano termina pagando dos veces: una en el parquímetro… y otra con la frustración de recorrer varias cuadras porque el lugar ya lo “apartó” alguien más.

¿Ese era el orden que prometió Pepe Chedraui en su campaña?

DE TOCHO-MOROCHO