¿Gobierno o circo en Tamaulipas?

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En México pasan cosas que ya ni sorprenden, pero sí cansan. Esta vez, el protagonista fue el alcalde Moisés Borjón, quien decidió celebrar el Día del Padre con una función de lucha libre y un baile de la influencer Lexy Beltrán, conocida como “La Diabla”.

Hasta ahí, cada quien sus gustos, pero el problema llegó cuando el propio edil presentó el evento como una “convivencia familiar” y lo presumió en redes sociales como un gran acierto de su administración.

Gobernar o producir espectáculos

Cada vez es más común ver a algunos funcionarios convertidos en productores de eventos, animadores de redes sociales y expertos en generar contenido viral.

Mientras tanto, gobernar parece haberse convertido en una actividad secundaria.

Porque la pregunta es inevitable: ¿esa es la mejor forma de celebrar a las familias o simplemente otra estrategia para conseguir aplausos y fotografías?

La política del entretenimiento ya se volvió costumbre

Hay una tendencia preocupante en la política mexicana: convertir cualquier fecha conmemorativa en un espectáculo.

Ya no basta con organizar actividades comunitarias o impulsar programas que beneficien a la población. Ahora todo debe ser llamativo, escandaloso y, de preferencia, viral.

El objetivo parece claro: ganar atención inmediata, aunque la discusión pública termine enfocándose en la polémica y no en los resultados de gobierno.

Las redes sociales no son un informe de resultados

Muchos ciudadanos ya no miden a sus autoridades por sus publicaciones, sino por lo que realmente cambia en sus municipios.

Porque una administración no se evalúa por la cantidad de videos que comparte ni por la capacidad de organizar un show.

Se evalúa por los servicios públicos, la seguridad, la infraestructura y las soluciones que entrega a la gente.

El verdadero problema son las prioridades

El debate no gira en torno a una lucha libre ni a una influencer. El debate surge porque cada vez más funcionarios parecen confundir la administración pública con una agencia de entretenimiento.

Y ahí está el riesgo.

Cuando nuestros gobernantes dedican más tiempo a construir momentos virales que a resolver problemas, la línea entre gobernar y hacer espectáculo empieza a desaparecer.

Porque una cosa es celebrar una fecha especial y otra muy distinta es convertir la política en un permanente concurso de popularidad.

DE TOCHO-MOROCHO