Tradwife: cuando la nostalgia pone en riesgo la igualdad

COMPARTE EN REDES

Yoselin Rodríguez

En las últimas semanas, el término tradwife (traditional wife o “esposa tradicional”) ha ganado popularidad en redes sociales como TikTok, Instagram y YouTube. Mujeres muestran una vida aparentemente perfecta dedicada al hogar, la crianza y el cuidado de su esposo, acompañada de una estética vintage que idealiza los roles tradicionales de género.

El problema no es que una mujer decida dedicarse al hogar. Toda persona debe tener la libertad de elegir el proyecto de vida que desea. Lo preocupante es cuando este estilo de vida se presenta como el único camino correcto o “natural”, descalificando a quienes estudian, trabajan, deciden no casarse o no tener hijas e hijos.

Además, este discurso romantiza una época en la que las mujeres tenían menos derechos, menor acceso a la educación y una fuerte dependencia económica de sus parejas. Esa dependencia puede aumentar la vulnerabilidad ante la violencia económica, psicológica o patrimonial y limitar la posibilidad de tomar decisiones libres.

También resulta contradictorio que muchas creadoras de contenido que promueven el modelo tradwife obtengan independencia económica gracias a las redes sociales, mientras difunden un discurso basado en la dependencia del hombre como proveedor.

Otro aspecto que suele omitirse es que no todas las familias pueden sostenerse con un solo ingreso. En un contexto donde el costo de vida obliga a millones de hogares a que ambas personas trabajen, presentar este modelo como una opción universal ignora la realidad de muchas familias.

Más que decirles a las mujeres cómo deben vivir, la igualdad de género busca que todas tengan opciones reales y puedan decidir con autonomía, sin presiones ni estereotipos. Las labores domésticas y de cuidados son valiosas, pero deben ser reconocidas y compartidas, no asignadas automáticamente por el hecho de ser mujer.

Las redes sociales pueden convertir cualquier estilo de vida en una tendencia, pero no deberían borrar la memoria histórica. Los derechos que hoy disfrutan millones de mujeres fueron conquistados tras décadas de lucha. Romantizar un pasado donde esos derechos no existían es olvidar por qué fue necesario cambiarlos.

DE TOCHO-MOROCHO