La muerte de Gloria Steinem, a los 92 años, representa mucho más que la despedida de una periodista y activista: significa el cierre de un capítulo fundamental en la historia de la lucha por los derechos de las mujeres. Su nombre quedó ligado a una transformación social que cuestionó estructuras de desigualdad que durante décadas parecían inamovibles.
Steinem utilizó el periodismo como una herramienta para evidenciar el sexismo y dar voz a problemáticas que muchas veces eran ignoradas. Su trabajo en defensa de los derechos reproductivos, la igualdad laboral y la participación de las mujeres en la vida pública la convirtió en una de las principales referentes del feminismo moderno.
Sin embargo, su legado no debería reducirse únicamente a las causas que defendió. Steinem también dejó una pregunta que continúa vigente: ¿cuánto hemos avanzado realmente hacia una sociedad en la que mujeres y hombres tengan las mismas oportunidades y derechos?
Décadas después de las grandes movilizaciones feministas que ella impulsó, persisten la violencia de género, las brechas salariales, la discriminación y las dificultades para que muchas mujeres ejerzan plenamente sus derechos. Esto demuestra que las conquistas sociales no son definitivas; requieren vigilancia, participación y compromiso constante.
Recordar a Gloria Steinem implica, por tanto, reconocer los avances, pero también asumir las tareas pendientes. Su historia demuestra que una voz puede convertirse en movimiento cuando encuentra el valor para cuestionar aquello que la sociedad ha normalizado.
Su partida deja un vacío, pero también un legado. La mejor manera de honrarlo no es convertirla únicamente en un personaje de la historia, sino mantener vigente la conversación sobre igualdad que ayudó a colocar en el centro del debate público.








