Hoy la presidenta confirmó la llamada con Donald Trump, sostenida el miércoles, y por lo que trascendió después, la charla tuvo más de reclamo que de cortesía diplomática.
Se reportó que surgieron temas “nuevos” que metieron “ruido” a la conversación, forma elegante de decir que el mandatario aprovechó para exigir pendientes.
Sheinbaum, sin embargo, salió a presumir que “todo va avanzando bien”. Pero, ni en Washington coinciden con ese optimismo.
Un funcionario calificó la llamada de “constructiva”; otro la describió apenas como “así así”.
Si ni las propias fuentes estadounidenses se ponen de acuerdo en si fue plática cordial o regaño disfrazado, algo no cuadra con el discurso mañanero.
Los aranceles siguen intactos: 50% a acero y aluminio, 25% a autos, sin moverse un centímetro. Y la cuarta ronda de pláticas del T-MEC, prevista para esta semana, se pospuso sin explicación al 28 y 29 de septiembre, justo después de la llamada tan “positiva”.
Si de verdad todo avanzara tan bien, sobrarían las excusas y ya habría señales concretas.
Lo único claro es que, cuando Trump marca, la agenda la pone él, y llamarlo negociación exitosa es puro optimismo forzado.








