San Martín Texmelucan despertó con una escena que difícilmente podrá borrar.
Josué Martínez Contreras, maestro y director del medio Noticias San Martín Texmelucan, fue asesinado a balazos la mañana de este jueves 16 de julio en la junta auxiliar de San Lucas Atoyatenco, a escasos metros de su domicilio.
De acuerdo con los primeros reportes, el ataque ocurrió alrededor de las 8:00 horas, cuando sujetos armados le dispararon.

Lo más desgarrador ocurrió segundos después: su hijo adolescente presenció la agresión y, entre lágrimas, intentó mantener con vida a su padre mientras pedía ayuda a gritos.
”¡No te duermas, papá!”, repetía el menor mientras abrazaba a Josué e intentaba reanimarlo. Vecinos salieron de sus viviendas tras escuchar las detonaciones y los desesperados llamados de auxilio, pero cuando los cuerpos de emergencia llegaron al lugar, el periodista ya no presentaba signos vitales.
Los agresores escaparon antes de la llegada de las autoridades.
Posteriormente, personal de la Fiscalía General del Estado realizó las diligencias correspondientes y trasladó el cuerpo al Servicio Médico Forense para la necropsia de ley.
Consternación en Texmelucan
Además de dirigir un medio de comunicación local, Josué Martínez era reconocido por su labor como docente y por dar cobertura a los acontecimientos de San Martín Texmelucan y la región.
El Gobierno Municipal condenó el homicidio y expresó sus condolencias a familiares, amigos y compañeros del comunicador, al tiempo que pidió que el caso se esclarezca y no quede impune.
El periodismo sigue siendo una profesión bajo fuego
El asesinato de Josué vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad con la que trabajan muchos periodistas en México, especialmente quienes cubren información local. En numerosas ocasiones realizan su labor sin esquemas de protección y en contextos marcados por la violencia.
Lo más desgarrador de esta historia no fueron únicamente los disparos, fue escuchar a un hijo suplicándole a su padre que no muriera.
Esa escena resume el tamaño de la tragedia que vive un país donde la violencia ya alcanza incluso a quienes se dedican a informar.
Cada periodista asesinado representa una pérdida para su familia, para sus colegas y para la sociedad. Pero también deja una pregunta que se repite una y otra vez: ¿cuántas voces más tendrán que apagarse antes de que ejercer el periodismo deje de ser una actividad de alto riesgo?
Mientras las investigaciones avanzan, una familia llora a Josué Martínez. Su hijo cargará para siempre con el recuerdo de aquellos segundos en los que intentó salvar a su padre.
Y Puebla suma otro episodio que vuelve a exhibir la violencia que golpea tanto a la ciudadanía como a quienes salen todos los días a contar lo que ocurre.









