Jorge Burgos
Recientemente, las mexicanas Aylin Ibarra y Melissa Márquez, ganaron el Mundial de Remo en Amsterdam, Países Bajos, pero, más allá del gran logro que significa un Título Mundial por sí sólo, habría que saber cómo lo hicieron, porque no fué con las circunstancias a favor, sino que, en algo básico como lo es el bote o embarcación con el que compitieron, que por cierto, no era el ideal para ellas, porque, en primer lugar, era una embarcación vieja, es decir ya usada, pero además, era de la rama varonil, por lo tanto, es más pesado, o sea que, prácticamente las mandaron a la guerra y sin fusil.
Se imaginan lo que es competir con las cosas en contra, desde los propios Directivos, o a poco no sabían las condiciones en las que competirían, pero como sucede con frecuencia, los dirigentes se hacen de la vista gorda y las “avientan como al borras” “al ahí se va”, que se “la rifen así” etc, etc. Y las atletas, que como en muchos casos hacen más de lo que se creía con pocos recursos, y dan magníficos resultados como éste Campeonato del Mundo, y por cierto, ambas vienen de participar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe “Santo Domingo 2026” en donde también obtuvieron Medalla de Oro.
Da mucho qué pensar, que pasa con los Directivos, o no les dijeron, o no se dieron cuenta o no les importó, sobre todo ahora, que como nunca, se dieron mayores premios económicos para los Medallistas de Santo Domingo, y cuando se suponía que para el Mundial, todos están pendientes, se supone que cuidando y los detalles de quienes van a competir, y la pregunta salta de inmediato: quién les dió ese bote, quién les dijo que compitieron así, quién tenía que estar pendiente de ésto? La situación es que sucedió, afortunadamente se ganó el Título, pero esto no debe pasar bajo ningún concepto, no puede haber errores de éste tamaño, y habría que encontrar al responsable, debe ser así, y como consecuencia lógica de esto, las chicas “piden más apoyo” del que reciben, no alcanza con lo que reciben, y eso salta a la vista, y también habría que recordar que, ésto no es nuevo en el deporte mexicano.
Ahora, tanto Aylín como Melissa están buscando subir de categoría para poder participar en los clasificatorios para Juegos Olímpicos, que a fin de cuentas, ése es su objetivo primordial, y los Directivos, deben apoyarlas al máximo para que las atletas puedan brindar buenos resultados. Lo que es visible, es que hubo descuido o quizá hasta negligencia en éste garrafal error que pudo incidir directamente incluso en la carrera de ambas.
También es cierto que, éstas deportistas no son las primeras, ni serán las últimas a quienes les suceda algo parecido. Se sabe que reciben algo así como dice mil pesos mensuales como apoyo, y estarán de acuerdo, en que ésa cantidad es irrisoria, porque imagínense, cuando van a una competencia, tan sólo el boleto redondo de avión, cuesta más que ése apoyo, y además, se tiene que pagar la inscripción al evento, y a éso, hay que sumarle gastos de hotel, transportación en el lugar de la competencia, alimentos, imprevistos y, un sin fin de cosas que se necesitan y obviamente, con ésos dice mil pesos no alcanza, y qué pasa en muchas ocasiones, que los y las deportistas, tienen que “botear” o vender pastelitos, o dulces, o ropa o lo que puedan para poder solventar los gastos, y luego, ésos directivos quieren “resultados”.
Al final, tanto Aylín como Melissa, piden “a gritos” mayores apoyos y atención para poder desarrollarse en su disciplina, y lo cierto, es que aún existe un grave descuido en materia de apoyos, se diga lo que se diga, y todo mundo se da cuenta de éstas situaciones, y aunque nada puede ser perfecto, hay cosas que pueden y deben cambiar, y recordemos, que en muchas disciplinas, se está buscando clasificar a Los Ángeles 2028, y para éso, se deben cuidar los detalles, que como éste, pueden significar la diferencia entre “ganar o perder todo un ciclo” sin que sea responsabilidad total de los deportistas, a quienes solo vemos el día de la competencia, pero no se sabe todo lo que tuvieron que hacer para estar ahí, y que no se repitan situaciones como la de ahora, en qué tienen que hacer públicas sus necesidades para que volteen a verlos.









