El gobierno municipal volvió a sacar la carta de la tecnología para vender la idea de que ahora sí se combatirá la delincuencia. Con el programa “Puebla360”, las autoridades anunciaron la instalación de 2 mil 400 nuevas cámaras de videovigilancia y la integración de sistemas privados para presumir una red de hasta 30 mil dispositivos en toda la capital.
La apuesta suena futurista: inteligencia artificial, análisis de patrones delictivos y monitoreo en tiempo real. En el discurso, Puebla parece estar a punto de convertirse en una ciudad inteligente, pero, en la realidad, miles de poblanos siguen mirando por encima del hombro cuando caminan por la calle y cruzan los dedos para no convertirse en la siguiente estadística.
Porque la pregunta no es cuántas cámaras habrá, sino ¿cuántos delitos se evitarán realmente?. De poco sirve llenar postes, esquinas o avenidas de lentes y pantallas si los delincuentes continúan operando con una tranquilidad que raya en el descaro. La experiencia ha demostrado que más tecnología no siempre significa más seguridad; muchas veces solo significa más contratos, más anuncios y más ruedas de prensa.
Mientras las autoridades celebran la llegada de la inteligencia artificial, la ciudadanía sigue esperando algo mucho más básico: resultados. Porque una cámara puede grabar un asalto, un robo o una agresión, pero difícilmente le devuelve la tranquilidad a quien ya fue víctima.
Puebla tendrá más ojos electrónicos que nunca. Falta ver si también tendrá más capacidad para detener a los delincuentes o si, como ya ocurrió otras veces, todo termina siendo otro aparatito muy caro para documentar cómo los criminales siguen haciendo de las suyas.








