El sprint final de 2026 para la inversión pública

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Enrique Quintana

Si hay un factor con el potencial de mover a la economía mexicana en el último trimestre de 2026, es el gasto público en inversión.

Los Informes de Finanzas Públicas al tercer trimestre, que Hacienda dio a conocer el viernes pasado, permiten dimensionar lo que viene y conviene mirarlo en sus dos caras.

La trayectoria del año ha sido una “V” muy pronunciada. En el primer trimestre, la inversión física cayó 15.6 por ciento real anual, con descensos de 51 por ciento en la inversión directa de Pemex y de 37.4 por ciento en la del gobierno federal, reflejo del rezago en la ejecución presupuestaria de los primeros meses.

A partir de ahí vino la remontada. A marzo el gasto en inversión caía en -15.9 por ciento real, a junio la caída se había atenuado a -7.9 por ciento y al cierre de septiembre el acumulado del año ya aumenta 8.0 por ciento real.

La aritmética implica que en el tercer trimestre, por sí solo, la inversión física creció a un ritmo cercano a 45 por ciento real anual.

El dato tiene una segunda lectura. Frente al calendario aprobado, lo ejercido entre enero y septiembre, 638 mil millones de pesos, quedó 136 mil millones por debajo de lo programado, una brecha de 17.6 por ciento.

La composición también merece una mirada. La inversión física directa, la obra que ejecutan las propias dependencias y empresas del Estado, todavía se ubica 3.2 por ciento abajo del año pasado en términos reales. El crecimiento proviene de la inversión indirecta, es decir, de subsidios, transferencias y aportaciones a estados y municipios, que aumentó 20.9 por ciento y en cuyo interior las transferencias de capital se triplicaron, así como de la infraestructura de salud del IMSS y del ISSSTE, cuyas erogaciones crecieron 188.8 y 422.2 por ciento, respectivamente.

Todo apunta a que el cuarto trimestre será el del gran desembolso.

El anexo de avance físico y financiero de los proyectos de inversión muestra una cartera con presupuesto modificado de 657 mil millones de pesos para el año, de los cuales se habían ejercido 304 mil millones a septiembre. Para agotarlo tendrían que erogarse más de 350 mil millones en el cuarto trimestre, una cifra superior a todo lo gastado en los primeros nueve meses.

Pemex, el mayor inversionista individual con 183 mil millones ejercidos, lleva 62 por ciento de avance. Los rezagos principales se concentran en los trenes de pasajeros, cuyo conjunto va apenas en 26 por ciento de su presupuesto, con el Tren Maya ejerciendo 63 por ciento mientras los nuevos corredores apenas arrancan, y en la CFE, se registra un 31 por ciento de avance.

¿Es verosímil ese sprint? La propia Hacienda lo da por descontado. En su estimación de cierre, el gasto programable del año terminaría apenas 10 mil millones de pesos por debajo de lo aprobado, lo que supone que el faltante acumulado se ejercería casi íntegro entre octubre y diciembre. El patrón de 2026, con repuntes concentrados en los cierres de trimestre, sugiere que la maquinaria puede acelerar cuando se lo propone.

Si ocurre, el efecto macroeconómico no será menor.

Una inyección de esa magnitud en obra pública, equipamiento hospitalario y vivienda —el rubro de vivienda y servicios a la comunidad absorbe 36.6 por ciento de la inversión física— se convertiría en uno de los pocos motores de demanda del trimestre, con derrama en cemento, acero y empleo regional.

Llegaría, además, en un momento oportuno, pues dentro de la formación bruta de capital fijo el componente de construcción retrocedió 1.5 por ciento mensual en julio, de acuerdo con el propio informe.

La pregunta obligada es qué pasa con el déficit. La respuesta, por ahora, es que el sprint ya está contemplado en las cuentas.

Hacienda estima que los Requerimientos Financieros del Sector Público cerrarán en 4.1 por ciento del PIB, con un superávit primario de 0.1 por ciento y un saldo de deuda que cerraría en 54 por ciento del producto.

Una de las claves para llegar a la meta es que el costo financiero habrá de resultar 208 mil millones de pesos menor al aprobado, por la apreciación del peso y el descenso de las tasas, lo que compensa con holgura el recorte de 184 mil millones en la estimación de ingresos.

El riesgo no está en gastar de más, sino en que los ingresos petroleros y tributarios se deterioren más de lo previsto en la recta final del año.

Quedará para otra entrega la discusión sobre un gasto que se comprime en pocos meses.

Por lo pronto, habrá que seguir los informes mensuales de octubre y noviembre para confirmar el ritmo. Si la historia se cumple, el principal impulso de demanda del cierre de 2026 no vendrá del exterior ni del consumo privado. Vendrá del gasto público en inversión.

Otra pregunta es si este impulso podrá mantenerse en 2027. Luego de la aprobación del Presupuesto, lo analizaremos.

 

 

DE TOCHO-MOROCHO