Yoselin Rodríguez
Mi Pocas veces nos detenemos a pensar de dónde provienen ciertos términos que utilizamos cotidianamente. Sin embargo, conocer su origen nos permite comprender mejor los prejuicios que aún sobreviven en nuestra sociedad.
Uno de esos casos es la palabra “joto”, un término que durante décadas se ha utilizado de manera despectiva para referirse a las personas homosexuales. Su origen, según diversas investigaciones históricas, se remonta al Palacio de Lecumberri, la temida prisión inaugurada en 1900 durante el gobierno de Porfirio Díaz y conocida como el “Palacio Negro” por las historias de violencia, tortura y abusos que marcaron su existencia.
En aquella cárcel, los internos eran distribuidos en diferentes crujías o pabellones de acuerdo con el tipo de delito que se les atribuía. La denominada Crujía J estaba destinada a quienes eran considerados una amenaza para la moral pública. Entre ellos se encontraban hombres homosexuales que vivían abiertamente su orientación sexual. Con el tiempo, los reclusos de ese pabellón comenzaron a ser identificados por la letra que los segregaba: la “J”. De ahí surgiría una palabra que abandonó los muros de Lecumberri para convertirse en un insulto popular.
Más allá de la precisión histórica de cada relato, el hecho relevante es que la homosexualidad llegó a ser tratada como una falta moral digna de castigo y aislamiento. Lo que hoy entendemos como una expresión legítima de la diversidad humana fue, durante mucho tiempo, motivo de persecución institucional y social.
Por eso resulta importante reflexionar sobre el lenguaje que utilizamos. Cada palabra carga una historia, y algunas arrastran consigo décadas de discriminación. Cuando alguien emplea términos ofensivos para referirse a otra persona, muchas veces desconoce el contexto que les dio origen. Sin embargo, la ignorancia de esa historia no elimina el peso de los prejuicios que esas expresiones pueden reproducir.
Conocer el pasado no significa vivir anclados a él, sino aprender de sus errores. La historia de la Celda J nos recuerda que hubo una época en la que la diferencia era castigada y la diversidad era vista como una amenaza. Hoy tenemos la oportunidad de construir una sociedad más informada, más respetuosa y más incluyente.
Porque entender de dónde vienen las palabras también nos ayuda a decidir qué tipo de sociedad queremos construir con ellas.









