¡Descarada! Delegada del Bienestar se dice víctima de la prensa

COMPARTE EN REDES

Cuando parecía que la polémica por fin le daba un respiro, Natalia Suárez del Real, mejor conocida como “La Güera de Morena”, volvió a colocarse en el centro de la conversación. Esta vez no por una fiesta, un video viral o un escándalo personal, sino por denunciar que es víctima de violencia digital y mediática.

A través de un video publicado en sus redes sociales, la funcionaria aseguró que algunos medios poblanos han difundido contenido “amarillista” con el objetivo de denostarla y violentarla.

También afirmó que normalmente no responde rumores, aunque aprovechó el mensaje para aclarar que está “solterísima desde hace mucho tiempo”, debido a su más reciente polémica.

La declaración llega después de varios meses en los que su nombre ha aparecido una y otra vez en titulares.

Primero por la lujosa fiesta de cumpleaños que desató críticas por su aparente contraste con el discurso de austeridad; después por videos difundidos en redes sociales que alimentaron especulaciones sobre su vida privada y generaron una intensa conversación pública.

Ahora, la funcionaria sostiene que existe una campaña para desacreditarla.

Sin embargo, la discusión también abrió otro debate: ¿hasta dónde llega el derecho a la privacidad de un servidor público y dónde comienza el interés público cuando sus acciones generan controversia?

Cuando el personaje rebasa al cargo

En política hay una regla que rara vez falla: quien decide construir una imagen pública también queda expuesto al escrutinio público.

La crítica no surge únicamente por lo que publican los medios.

En buena medida, también responde a hechos, imágenes o mensajes que la propia funcionaria ha protagonizado o difundido. Cada nueva polémica alimenta la conversación y mantiene su nombre en tendencia.

De hecho, nadie merece violencia digital ni ataques personales, eso debe condenarse siempre. Pero tampoco se puede culpar únicamente a la prensa cuando una figura pública acumula controversias que ella misma termina alimentando con sus decisiones o apariciones públicas.

Porque una cosa es el amarillismo y otra muy distinta es el interés que despierta una funcionaria que, una y otra vez, termina en el ojo del huracán.

Al final, la pregunta no es por qué los medios hablan de ella. La verdadera pregunta es: ¿por qué sigue dándoles tanto de qué hablar de cosas que ni son de su trabajo?

DE TOCHO-MOROCHO