Mtro. Gerardo Galicia
Cuando un gobierno presume que México tiene una de las tasas de desempleo más bajas, el dato es cierto.
Pero está incompleto.
Porque el verdadero problema laboral de México en 2026 no necesariamente consiste en que millones de personas estén completamente desempleadas.
El problema es mucho más complejo:
millones tienen trabajo, pero ese trabajo no necesariamente significa estabilidad, seguridad social, prestaciones o ingresos suficientes.
Y Puebla es quizá uno de los mejores ejemplos.
México: poco desempleo, mucha precariedad
Los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI muestran que en julio de 2026 la tasa de desocupación nacional fue de 2.9%, ligeramente superior al 2.8% registrado un año antes.
En números absolutos hablamos de aproximadamente 1.8 millones de personas desempleadas.
A primera vista parece una buena noticia.
Pero observemos el resto de la fotografía.
En julio había aproximadamente 34.1 millones de trabajadores en condiciones de informalidad, un máximo en términos absolutos. La tasa de informalidad laboral alcanzó 56.2% de la población ocupada.
Esto significa que más de la mitad de los trabajadores mexicanos se encuentra en alguna modalidad de informalidad laboral.
Y ahí cambia completamente la lectura.
Porque conseguir trabajo no necesariamente significa conseguir un buen trabajo.
Trabajar tampoco garantiza salir adelante
Existe otro indicador todavía más revelador.
En julio de 2026, 38.9% de la población ocupada se encontraba en condiciones críticas de ocupación, indicador relacionado con combinaciones adversas de jornadas e ingresos laborales.
Un año antes era 37.3%.
Entonces debemos preguntarnos:
¿De qué sirve presumir una tasa baja de desempleo si millones de trabajadores viven en condiciones laborales precarias?
México tiene vendedores ambulantes.
Trabajadores por aplicación.
Comerciantes.
Personas que trabajan por su cuenta.
Empleados sin prestaciones.
Personas que laboran jornadas extensas.
Familias enteras que viven del pequeño comercio.
Todos cuentan estadísticamente como ocupados.
Pero estar ocupado no significa necesariamente tener seguridad económica.
Puebla: el ejemplo perfecto de la contradicción
En Puebla la situación resulta todavía más evidente.
Durante el segundo trimestre de 2026, la tasa de desocupación fue apenas de 1.8%, incluso menor al promedio nacional de 2.7%.
Solamente unas 57 mil personas fueron contabilizadas como desocupadas.
Parecería una extraordinaria noticia.
Hasta que revisamos el siguiente dato.
De aproximadamente 3.1 millones de poblanos ocupados, alrededor de 2.2 millones trabajaban en condiciones de informalidad.
La tasa llegó a 70.3%.
Siete de cada diez trabajadores.
Puebla se colocó así entre las entidades con mayor informalidad laboral del país.
Ahí está la verdadera historia.
Puebla tiene poco desempleo, pero muchísimo empleo informal.
¿De qué sirve tener trabajo si seguimos siendo pobres?
Existe otro indicador que ayuda a comprender el problema.
La pobreza laboral mide a las personas cuyo ingreso proveniente del trabajo resulta insuficiente para adquirir la canasta alimentaria.
Aquí sí existen buenas noticias.
En Puebla disminuyó de 41.7% en el segundo trimestre de 2025 a 37.1% en el mismo periodo de 2026.
Es una reducción importante de 4.6 puntos porcentuales.
Hay que reconocerlo.
Pero 37.1% sigue significando que más de uno de cada tres poblanos vive en hogares donde el ingreso laboral por persona no alcanza para cubrir siquiera el costo de la alimentación básica.
¿Podemos llamar éxito laboral a eso?
El desempleo mexicano también tiene una trampa estadística
Para entender estos números hay que comprender cómo se mide el desempleo.
Una persona es considerada ocupada si realizó al menos una actividad económica durante el periodo de referencia bajo los criterios de la ENOE.
Por eso la tasa de desempleo no responde a preguntas como:
¿Tiene un empleo digno?
¿Tiene seguridad social?
¿Gana suficiente?
¿Tiene estabilidad?
¿Tiene vacaciones?
¿Puede ahorrar?
¿Tiene posibilidades de comprar una vivienda?
Son preguntas diferentes.
Por eso afirmar simplemente que “sólo 2.9% de los mexicanos está desempleado” puede producir una fotografía engañosa si no explicamos simultáneamente informalidad, subocupación, ingresos y condiciones críticas de trabajo.
Puebla necesita empleos, pero sobre todo necesita mejores empleos
El desafío para Puebla no debería ser únicamente atraer empresas.
Debe preguntarse:
¿Qué tipo de empresas?
¿Cuántos empleos generan?
¿Cuánto pagan?
¿Contratan formalmente?
¿Ofrecen seguridad social?
¿Generan transferencia tecnológica?
¿Contratan profesionistas poblanos?
¿Permiten desarrollar una carrera laboral?
Porque atraer una inversión y cortar un listón genera una fotografía.
Crear empleos bien pagados genera desarrollo.
No son exactamente lo mismo.
Puebla necesita aprovechar sectores como la industria automotriz, tecnologías de información, servicios especializados, turismo, agroindustria, logística y las nuevas actividades relacionadas con inteligencia artificial y digitalización.
Pero también necesita algo fundamental:
capital humano preparado para esos empleos.
Universidades, empresas y gobierno deberían estar sentados en la misma mesa preguntándose qué perfiles laborales necesitará Puebla dentro de cinco o diez años.
No cuando las empresas lleguen.
Antes.
Los jóvenes enfrentan otra realidad
También debemos preguntarnos qué sucede con los jóvenes que terminan una licenciatura.
Durante años les dijimos:
“Estudia para conseguir un buen empleo”.
Muchos estudiaron.
Después descubrieron que un título universitario no garantiza automáticamente estabilidad laboral.
Encuentran vacantes que piden experiencia cuando apenas egresaron.
Salarios que no corresponden con sus expectativas.
Contratos temporales.
Trabajo sin prestaciones.
O empleos completamente diferentes de aquello que estudiaron.
El resultado es frustración y, en muchos casos, migración hacia otras ciudades o países.
Un estado que forma talento y después no puede retenerlo está subsidiando el desarrollo de otras regiones.
El gobierno no debe crear todos los empleos
También debemos evitar una idea equivocada.
El gobierno no puede ni debería convertirse en el principal empleador.
Su responsabilidad consiste en generar las condiciones para que empresas, emprendedores e inversionistas puedan producir empleos formales.
Seguridad.
Infraestructura.
Educación.
Estado de derecho.
Simplificación administrativa.
Crédito.
Innovación.
Conectividad.
Capacitación.
Y certidumbre para invertir.
La mejor política laboral no consiste solamente en entregar apoyos.
Consiste en construir una economía donde las personas puedan generar ingresos mediante trabajos productivos y dignos.
El indicador que deberíamos comenzar a presumir
Quizá México debería dejar de celebrar únicamente su baja tasa de desempleo.
Porque tener una persona trabajando ocho o diez horas sin seguridad social y con un ingreso insuficiente puede mejorar la estadística de ocupación.
Pero no necesariamente mejora su vida.
El verdadero éxito debería medirse de otra manera:
¿Cuántos empleos formales creamos?
¿Cuánto aumentaron los salarios reales?
¿Cuántos trabajadores tienen seguridad social?
¿Cuántos salieron de la pobreza gracias a su trabajo?
¿Cuántos jóvenes consiguieron empleos relacionados con aquello que estudiaron?
¿Cuántas familias pueden vivir dignamente de su salario?
Ahí debería estar la discusión.
México registró 2.9% de desempleo en julio de 2026, pero 56.2% de informalidad.
Puebla registró apenas 1.8% de desocupación, pero 70.3% de informalidad laboral.
Esos dos números juntos cuentan una historia completamente diferente.
Por eso la pregunta ya no debería ser únicamente:
¿Tienes trabajo?
Deberíamos comenzar a preguntar:
¿Tu trabajo te permite vivir dignamente?
Porque un país no derrota la pobreza simplemente manteniendo ocupada a su población.
La derrota cuando el trabajo se convierte realmente en una herramienta de movilidad social.
Y mientras siete de cada diez trabajadores poblanos permanezcan en la informalidad, todavía tendremos muy poco que celebrar.
Mtro. Gerardo Galicia
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