El dirigente estatal del PAN, Mario Riestra, salió a enlistar al menos 11 casos de presunto nepotismo en ayuntamientos gobernados por la coalición Morena-PT.
Entre ellos Acatlán de Osorio, Tianguismanalco, Xicotepec y Amozoc. Asimismo, rechazó tajante que se trate de casos aislados.
Y qué buena memoria tiene Riestra para señalar a los demás, lástima que se le olvida tan rápido lo que pasa en su propio entorno.
Porque hablemos claro, el ahora dirigente fue diputado, secretario general del Ayuntamiento de Puebla, su esposa fue subsecretaria de Educación, su hermana ha sido regidora y diputada, y su hermano fue secretario de Desarrollo Rural en dos gobiernos distintos.
O sea, el apellido prácticamente también convirtió al PAN en changarro familiar.
Y por si fuera poco, en San Andrés Cholula ya existe su propio caso de “transferencia directa del poder”: el expresidente Edmundo Tlatehui le dejó la alcaldía a su esposa, Guadalupe Cuautle.
Así que mientras Riestra arma su lista de once ayuntamientos morenistas con presunto nepotismo, conviene recordarle que su partido tampoco tiene autoridad moral para dar cátedra en el tema.
Al final, entre Morena y el PAN el nepotismo no distingue siglas ni colores: solo cambia de quién es turno de señalar al vecino mientras esconde a los demás en su propia sala.
Si el PAN de verdad quiere pelear un lugar decente rumbo a 2027, le va a hacer falta más que señalar con el dedo ajeno.
Necesita limpiar primero su propio patio, porque una oposición creíble no se construye acusando nepotismo mientras se practica exactamente lo mismo adentro.
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