Hablar del registro de líneas telefónicas parece, a primera vista, hablar simplemente de un trámite. Registrar un número, proporcionar información y continuar utilizando el teléfono. Para muchos será un proceso sencillo que se resuelve desde una computadora o un celular en unos cuantos minutos.
Pero no todos vivimos en las mismas condiciones.
Hay algo de lo que poco se habla: la brecha de desigualdad digital que existe en México. Hay personas que no tienen acceso constante a internet, personas adultas mayores que no están familiarizadas con los trámites digitales, comunidades donde la conectividad sigue siendo limitada y familias que enfrentan dificultades para realizar procedimientos que para otros parecen muy simples.
Para quien tiene internet, un teléfono inteligente, conocimientos digitales y tiempo disponible, registrar una línea puede parecer cosa de minutos. Pero para una persona que vive en una comunidad alejada, para una persona adulta mayor o para alguien que necesita ayuda para completar un trámite digital, puede representar un verdadero obstáculo.
Y entonces aparece una pregunta que deberíamos hacernos:
¿Qué pasará con ellxs si un día despiertan y su teléfono ya no funciona porque no pudieron registrar su línea?
No estamos hablando únicamente de perder acceso a redes sociales o aplicaciones. Un teléfono puede ser la principal herramienta de comunicación de una persona. Es la manera de hablar con lxs hijxs, recibir una llamada de trabajo, comunicarse con un familiar, solicitar ayuda en una emergencia o mantenerse en contacto con alguien que vive lejos.
Por eso, el debate sobre el registro de líneas telefónicas no debería limitarse a discutir si el trámite es fácil o difícil. La verdadera pregunta es si el proceso contempla a quienes tienen mayores dificultades para realizarlo.
¿Habrá alternativas para quienes no tienen internet? ¿Habrá suficiente información y acompañamiento? ¿Se ha pensado en las personas adultas mayores y en las comunidades rurales? ¿Qué pasará con quienes no puedan completar el trámite dentro del plazo establecido?
Porque una política pública puede tener un objetivo determinado, pero también debe considerar sus consecuencias para quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad digital.
La tecnología debería ayudarnos a reducir las desigualdades, no a crear nuevas formas de exclusión.
Por eso, antes de que llegue el día en que alguien descubra que su teléfono dejó de funcionar, debemos asegurarnos de que nadie quede incomunicado simplemente porque no pudo realizar un trámite digital.
Detrás de cada línea telefónica hay una persona. Y detrás de cada número puede haber una familia, un trabajo, una emergencia o alguien esperando esa llamada.
El registro de líneas no debería ser solamente una discusión sobre números y teléfonos. También debería ser una discusión sobre inclusión, acceso y el derecho de nadie a quedarse desconectado.









