Nora Escamilla habló de desinformación durante la ceremonia en honor a Carmen Serdán y Leona Vicario y acusó que en redes sociales hay quienes quieren “detener la transformación en Puebla”.
La diputada federal pidió aprender a distinguir entre una crítica legítima y la desinformación. Hasta ahí, todo muy correcto.
El detalle es que cuando una figura pública empieza a llamar “desinformación” a todo lo que le incomoda, la línea entre defenderse y querer apagar la crítica se vuelve bastante delgada.
¿Desinformación o preguntas incómodas?
Escamilla ha estado bajo la lupa recientemente por las jornadas que realiza en su distrito.
Ella sostiene que no busca promoción personal, solo que todos sus recorridos siempre coinciden con material y cámaras. Además, recientemente reconoció que sí buscará la reelección por el Distrito 12 y aseguró tener números favorables en territorio.
Pala en mano y ojo en 2027: Escamilla asegura que no busca promoción personal
Así que resulta inevitable que cualquier movimiento público no sea leído con lupa.
Solo que, si para la diputada todo cuestionamiento se convierte en “ataque”, cualquier político podría vivir en una burbuja donde solo existen aplausos y nadie puede preguntar nada.
Carmen Serdán y Leona Vicario no son precisamente símbolos de mujeres que se quedaron calladas para evitar incomodar al poder.
Por eso el mensaje de Escamilla tiene una pequeña ironía: recordar a dos mujeres que desafiaron al poder mientras se pide distinguir entre cuestionamientos y desinformación suena bonito… pero también obliga a aceptar que la crítica forma parte de cualquier democracia.










