¡Descarada! Delegada del Bienestar se dice víctima de la prensa

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Cuando parecía que la polémica por fin le daba un respiro, Natalia Suárez del Real, mejor conocida como “La Güera de Morena”, Osea! ¿por?, volvió a colocarse en el centro de la conversación.

En los últimos meses, su nombre no ha dejado de aparecer en los titulares.

Primero fue la lujosísima fiesta de cumpleaños que provocó críticas por el contraste con el discurso de austeridad. Ya que, por un lado habla de necesidades del pueblo y por el otro se le ve gozando una vida de lujos que ni Obama.

Después, el supuesto vínculo amoroso con su “jefe”, que siempre no y ahora llegaron los videos que circulan en redes sociales, con los que nuevamente se convirtió en tendencia por su comportamiento en antros y eventos sociales híper exclusivos, what?!…

Como suele ocurrir, las imágenes hablaron por sí solas y volvieron a colocarla en el ojo del huracán.

Pero, en su nuevo capítulo de la historia, la funcionaria decidió cambiar el reflector hacia los medios de comunicación.

A través de un video publicado, ella misma aseguró que algunos medios poblanos han difundido contenido “amarillista” con el objetivo de denostarla y violentarla.

También afirmó que normalmente no responde rumores, aunque aprovechó el mensaje para aclarar que está “solterísima desde hace mucho tiempo” (lo bueno es que no le gusta alimentar sus críticas), debido a su más reciente polémica.

La declaración llega después de varios meses en los que su nombre ha aparecido una y otra vez en titulares.

Por eso, Natalia sostiene que existe una campaña para desacreditarla.

Sin embargo, la discusión también abrió otro debate: ¿hasta dónde llega el derecho a la privacidad de un servidor público y dónde comienza el interés público cuando sus acciones generan controversia?

Cuando el personaje rebasa al cargo

En política hay una regla que rara vez falla: quien decide construir una imagen pública también queda expuesto al escrutinio público.

La crítica no surge únicamente por lo que publican los medios.

En buena medida, también responde a hechos, imágenes o mensajes que la propia funcionaria ha protagonizado o difundido.

Cada nueva polémica alimenta la conversación y mantiene su nombre en tendencia.

De hecho, nadie merece violencia digital ni ataques personales, eso debe condenarse siempre. Pero tampoco se puede culpar únicamente a la prensa cuando una figura pública acumula controversias que ella misma termina alimentando con sus decisiones o apariciones públicas.

Porque una cosa es el amarillismo y otra muy distinta es el interés que despierta una funcionaria que, una y otra vez, termina en el ojo del huracán.

Al final, la pregunta no es por qué los medios hablan de ella. La verdadera pregunta es: ¿por qué sigue dándoles tanto de qué hablar por cosas que ni son de su trabajo?

DE TOCHO-MOROCHO