Ni un partido se puede celebrar sin que alguien arruine la noche

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Lo que comenzó con gritos, porras y festejos por el triunfo de la Selección Mexicana sobre Corea del Sur terminó en una escena de caos, ambulancias y personas lesionadas.

Un conductor en estado de ebriedad arrolló a varios aficionados que celebraban en la glorieta Pancho Villa. El incidente dejó seis personas lesionadas y provocó una fuerte movilización de los cuerpos de emergencia.

Las autoridades detuvieron al responsable y lo pusieron a disposición de las instancias correspondientes.

El problema no fue el futbol, fue la irresponsabilidad

Cada vez que la Selección gana, miles de personas salen a las calles a celebrar. El problema es que algunos confunden la alegría con la ausencia total de sentido común.

Porque una cosa es festejar un triunfo deportivo y otra muy distinta es convertir las calles en una ruleta rusa sobre ruedas.

Y sí, otra vez aparece el mismo ingrediente de siempre: el alcohol.

El enemigo de siempre vuelve a aparecer

La historia se repite una y otra vez. Un conductor decide ponerse al volante después de beber y, en cuestión de segundos, arruina la noche de decenas de personas.

Lo más preocupante es que ya ni siquiera sorprende. La combinación entre alcohol y automóvil sigue apareciendo como protagonista de tragedias que pudieron evitarse.

Un gol no vale una vida

La euforia dura unas horas. Las lesiones, el miedo y las consecuencias legales pueden durar años.

Porque al final, mientras unos celebraban un resultado deportivo, otros terminaron en una ambulancia.

Y ahí está la parte más absurda de todo: México ganó en la cancha, pero la irresponsabilidad volvió a ganar en las calles.

DE TOCHO-MOROCHO