Las preguntas incómodas desarman el discurso oficial

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Lo que comenzó como una pregunta sobre las madres buscadoras terminó convirtiéndose en un momento incómodo para el Gobierno federal durante la conferencia matutina.

La periodista Reyna Ramírez cuestionó a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sobre si existe una investigación para identificar quién financia a los colectivos de madres buscadoras.

La pregunta no fue menor. Se trata de mujeres que, ante la ausencia de resultados institucionales, han asumido la tarea de buscar a sus familiares desaparecidos.

La mandataria respondió que ese tema corresponde a la Secretaría de Gobernación. Sin embargo, el momento que encendió la discusión llegó después.

La pregunta que incomodó al poder

La periodista lanzó un segundo cuestionamiento: “¿También investigan quién financia a todos los acarreados que llevan a sus eventos y al Zócalo?”

Ante ello, la presidenta evitó profundizar en el tema y recurrió a una frase que se ha vuelto habitual en este tipo de escenarios: “No voy a caer en provocaciones”, acompañada del ya conocido “no somos iguales”.

Y más allá del intercambio, el episodio reavivó una crítica recurrente: la diferencia de trato entre ciudadanos y estructuras políticas.

Porque mientras se abre el debate sobre quién financia a colectivos integrados por personas que buscan a sus familiares desaparecidos, persisten las dudas sobre los recursos que se utilizan para movilizar a simpatizantes a eventos masivos.

Y ahí aparece el problema de fondo: la percepción de una justicia selectiva.

El desgaste del discurso

La molestia social no nace de una sola pregunta. Surge de una sensación cada vez más extendida: que la transparencia se exige hacia afuera, pero rara vez se aplica hacia adentro.

Porque cuando las respuestas se sustituyen por frases repetidas, las dudas no desaparecen; crecen.

Al final, la verdadera discusión es por qué un país donde miles de familias buscan a sus desaparecidos sigue teniendo más interrogantes que respuestas.

Y eso, más que una provocación, es una realidad que ningún discurso alcanza a esconder.

DE TOCHO-MOROCHO