Morena fue por Coahuila y regresó con puras preguntas

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Mientras Morena presume triunfos nacionales y se prepara para la batalla electoral de 2027, en Coahuila recibió un golpe que difícilmente podrá minimizar. Con cerca del 33% de las actas capturadas en el PREP, la alianza PRI-UDC aventajaba en los 16 distritos locales con más del 55% de la votación, dejando a la alianza PT-Morena con apenas el 25.5%.

De mantenerse la tendencia, el PRI no solo conservará el control absoluto del Congreso local, sino que confirmará que Coahuila sigue siendo uno de los pocos territorios donde el llamado “carro completo” todavía circula sin problemas.

Desde la dirigencia nacional priista, Alejandro Moreno no tardó en salir a celebrar. Aseguró que el partido ganó las 16 diputaciones de mayoría relativa y atribuyó el resultado al respaldo de la ciudadanía y al trabajo realizado por la administración de Manolo Jiménez Salinas en temas como seguridad, empleo y desarrollo económico.

Pero detrás de los discursos de victoria y las fotografías de celebración también apareció el otro ingrediente que parece no faltar en las elecciones mexicanas: las acusaciones. Morena denunció presuntas irregularidades relacionadas con la compra de votos mediante códigos QR, señalamientos que ya fueron llevados ante las autoridades electorales.

Sin embargo, más allá de las denuncias, hay una realidad que Morena tendrá que analizar con calma. Durante años el partido se acostumbró a ganar prácticamente todo lo que competía. La narrativa era clara: el movimiento avanzaba y sus adversarios retrocedían. Pero Coahuila acaba de demostrar que esa historia no siempre se repite igual.

Y es que perder no necesariamente significa que un proyecto se agotó, pero sí obliga a hacer preguntas incómodas. ¿Qué pasó con los votantes? ¿Por qué el discurso que funciona en otros estados no logró conectar aquí? ¿Fue una derrota de los candidatos, de la estrategia o del propio partido?

Del otro lado, el PRI tampoco debería interpretar el resultado como un cheque en blanco. Ganar una elección es una cosa; recuperar la confianza ciudadana es otra muy distinta. Muchos de los problemas que hoy critica la oposición nacieron precisamente cuando el tricolor dominaba la política nacional sin contrapesos.

Lo ocurrido en Coahuila deja una lección interesante: ni Morena es invencible ni el PRI está tan muerto como muchos creían. La política mexicana sigue teniendo espacio para las sorpresas, especialmente cuando los ciudadanos deciden votar distinto a lo que marcan las encuestas, las tendencias nacionales o las narrativas de redes sociales.

Al final, más allá de los colores y los festejos, hay algo que llama la atención: cada partido asegura que representa el cambio cuando está en campaña y culpa al de enfrente cuando pierde. Pero para la gente que sale a trabajar, paga impuestos y espera mejores resultados en seguridad, salud o economía, la pregunta sigue siendo la misma de siempre: ¿quién va a gobernar mejor y quién va a dejar de echarle la culpa al otro?

DE TOCHO-MOROCHO