El pasado siempre puede regresar y a Liz Vilchis le llegó de golpe.
La excolaboradora de Andrés Manuel López Obrador quedó en el centro de la polémica después de que usuarios rescataron publicaciones antiguas de su cuenta de X con expresiones ofensivas, clasistas y gordofóbicas contra mujeres y otras personas.

La controversia creció tanto que su cuenta desapareció temporalmente de la plataforma.
Después, Vilchis reapareció para disculparse. Reconoció que siente vergüenza por aquellos mensajes y aseguró que ya no es la misma persona que los escribió.
Sin embargo, Grace Palomares, diputada local que todavía está dentro de Morena y sancionada provisionalmente por el partido junto con Nayeli Salvatori, cuestionó la congruencia de sus disculpas.
Palomares le recordó que ella misma fue blanco de sus señalamientos y soltó el reclamo que incendió las redes: “Nos llamaste resentidas”.

Vilchis sostiene que cambió y que no piensa repetir aquellos comportamientos. Eso, evidentemente, es algo que tendrá que demostrar con sus actos actuales.
Pero el problema es que durante años construyó una imagen pública desde un espacio dedicado precisamente a señalar lo que consideraba información falsa, cuestionable o dañina.
Y en política las disculpas pueden escribirse en cinco minutos, pero la congruencia se demuestra cuando el reflector está encima y ya no hay a quién culpar.









