Más política, menos mujeres: la crisis de una Secretaría que no despega

COMPARTE EN REDES

Laura Itzel Castillo anunció que asumirá la titularidad de la Secretaría de las Mujeres una vez que concluya su encargo como presidenta del Senado. El nombramiento llega acompañado de agradecimientos, discursos sobre la transformación y promesas de continuidad.

Pero hay una pregunta que cada vez más personas se hacen: ¿la Secretaría de las Mujeres realmente está protegiendo a las mujeres o se convirtió en otra oficina para acomodar perfiles políticos?

Millones en salarios, pocos resultados visibles

La polémica no es menor. Citlalli Hernández recibió 1 millón 989 mil 555 pesos en 15 meses, un promedio mensual de 132 mil 637 pesos.

Mientras tanto, millones de mujeres siguen enfrentando violencia, desapariciones, feminicidios, impunidad y un sistema que muchas veces les da la espalda.

Y ahí está la contradicción más dura: el presupuesto sí aparece, los nombramientos sí avanzan y los salarios sí llegan puntuales, pero los resultados siguen siendo difíciles de encontrar.

Una dependencia que parece funcionar en piloto automático

Lo más alarmante es la sensación de que el puesto puede quedarse vacío durante semanas o meses y nada cambia.

El barco sigue navegando, los escritorios permanecen ocupados y la maquinaria burocrática continúa operando como si la ausencia de una titular no afectara absolutamente nada.

Eso solo alimenta una percepción ciudadana cada vez más fuerte: si nadie nota la diferencia cuando no hay una persona al frente, entonces el problema no es quién ocupa la silla, sino para qué sirve la silla.

Las mujeres necesitan protección, no más política

Mientras los cambios de funcionarios ocupan los titulares, miles de mujeres siguen buscando justicia, denunciando violencia o exigiendo seguridad.

La realidad es brutal: las agresiones no se detienen porque haya una nueva titular, los feminicidios no desaparecen con un comunicado y la violencia no se combate con fotografías oficiales.

Porque una institución creada para proteger a las mujeres no puede convertirse en un escaparate político ni en una oficina de relaciones públicas.

La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿la Secretaría de las Mujeres nació para defender a las mujeres o para garantizar un nuevo espacio de poder dentro del gobierno?

Porque, si una dependencia puede quedarse sin cabeza y todo sigue exactamente igual, quizá el problema no es el nombre de quien llega, sino una estructura que, para muchos ciudadanos, parece más preocupada por alimentar la burocracia que por cambiar la realidad de millones de mexicanas.

Y eso, más que una transformación, empieza a parecer una simulación.

DE TOCHO-MOROCHO