¿Por qué los jóvenes ya no quieren tener hijos? La respuesta incomoda

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“Es muy triste que los jóvenes ya no quieran tener hijos”.

La frase abrió un debate que va mucho más allá de una cifra de natalidad. Durante la conferencia matutina, la presidenta de México fue cuestionada sobre la posibilidad de implementar una campaña para fomentar que las parejas jóvenes tengan hijxs, luego de que se señalara una disminución en la fecundidad del país.

La respuesta fue, primero habría que entender qué está pasando con las nuevas generaciones y por qué algunas personas deciden no tener hijxs o tener solamente uno.

Y quizá ahí está precisamente la pregunta que vale la pena hacerse.

¿Realmente las juventudes no quieren tener hijxs o están enfrentando condiciones que hacen cada vez más difícil tomar esa decisión?

Porque tener una hija, un hijo no significa únicamente desearlo. Significa contar con un lugar digno donde vivir, ingresos suficientes, acceso a servicios de salud, tiempo para cuidar, posibilidades de educación, guarderías y, en muchos casos, una red de apoyo que permita conciliar la vida laboral y familiar.

Para muchas personas jóvenes, formar una familia ya no representa solamente un proyecto emocional. También implica hacer cuentas.

¿Cuánto cuesta una renta? ¿Cuánto cuesta comprar una vivienda? ¿Cuánto cuesta una guardería? ¿Qué pasa si uno de los dos tiene que dejar de trabajar para cuidar a un bebé? ¿Cómo se puede ahorrar para la educación? ¿Qué ocurre cuando el empleo es temporal, informal o no ofrece prestaciones?

Y hay otra realidad que tampoco puede ignorarse: muchas generaciones jóvenes han comenzado su vida adulta enfrentando condiciones económicas distintas a las que tuvieron su madre y padre o abuela y abuelo. El acceso a una vivienda propia puede parecer lejano; los salarios deben competir con el aumento del costo de vida y el empleo no siempre ofrece la estabilidad necesaria para hacer planes a largo plazo.

Por eso, antes de preguntarnos cómo convencer a las y los jóvenes de tener hijxs, quizá deberíamos preguntarles qué necesitan para sentirse en condiciones de hacerlo.

No se trata de decir que todas las personas jóvenes quieren ser madres o padres. Tampoco de asumir que la maternidad o la paternidad son obligaciones sociales. Tener hijxs es una decisión profundamente personal y cada vez más personas están eligiendo construir su proyecto de vida de otras maneras.

Pero si la disminución de la natalidad representa un desafío para el futuro del país, la respuesta difícilmente puede reducirse a una campaña que diga: “tengan más hijxs”.

La pregunta de fondo es otra: ¿qué condiciones estamos construyendo para que quien quiera tener una familia pueda hacerlo sin que eso signifique renunciar a su estabilidad, su trabajo, su vivienda o su proyecto de vida?

Tal vez las y los jóvenes no dejaron de soñar con una familia. Tal vez simplemente están intentando sobrevivir al presente antes de comprometerse con el futuro.

Y quizá la respuesta que parece tan complicada tenga una explicación mucho más sencilla:

No es que no quieran tener hijxs. Es que, para muchas personas, tenerlos hoy parece demasiado difícil. Antes de pedirles que formen familias, habría que preguntarnos qué tan accesible estamos haciendo ese futuro.

 

DE TOCHO-MOROCHO