Pintan, borran y nadie sabe nada

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Hay algo bastante curioso ocurriendo en Puebla: todavía no empieza oficialmente la campaña por la alcaldía, todavía no existen candidaturas definidas y, en teoría, nadie está pidiendo el voto. Pero las calles ya parecen haber entrado en temporada electoral.

Bardas, lonas, nombres, fotografías, encuestas y hasta llamadas telefónicas. Todo aparece antes de tiempo, aunque casi siempre acompañado de la misma explicación: “no es campaña”, pero entonces uno se pregunta, ¿qué es?…

Porque si una persona aparece repetidamente en las calles, su nombre comienza a ocupar bardas, su imagen circula en lonas y su popularidad empieza a medirse en encuestas, pero todavía no es candidato, quizá estamos frente a una nueva forma de hacer política: hacer campaña sin decir que se está haciendo campaña, o bueno, esperen… esa ya existía.

Y en Puebla hay dos nombres que se han vuelto particularmente visibles en esta disputa: Laura Artemisa y Gabriela “La Bonita” Sánchez.

Ambas han aparecido en la llamada guerra de bardas rumbo a 2027, con espacios que incluso han terminado siendo pintados encima una y otra vez.

Solo que, lo verdaderamente surrealista es que la pelea ya no parece ser únicamente por quién pinta más, ahora también es por quién borra más.

Un día aparece el nombre de “la bonita”, después alguien lo cubre, encima aparece “la maestra” y luego alguien vuelve a pintar de blanco. En otras palabras, la ciudad se convirtió en un pizarrón donde distintos grupos escriben sus aspiraciones y otros grupos llegan con rodillo en mano a contestarles.

Sin embargo, aquí es donde la historia deja de ser graciosa, porque ya no solamente estamos hablando de políticos que quieren ser candidatos.

Estamos hablando de quién tiene derecho a apropiarse del espacio público para construir una candidatura que todavía no existe.

La pintura no es gratuita, las lonas tampoco y las brigadas menos. Esto quiere decir que alguien paga todo eso, alguien organiza, imprime, contrata y hasta decide dónde ponerlo.

Y cuando preguntamos ¿quién fue?, de pronto aparece el silencio.

 

¿No es maravilloso el anonimato cuando sirve para construir una candidatura?

Desde agosto comenzaron a documentarse brigadas que cubren con pintura blanca nombres de aspirantes en diferentes puntos de Puebla y la zona metropolitana.

El movimiento se presenta como ciudadano y ha intervenido propaganda de distintos perfiles, pero, ¿Qué significa que una persona saque una brocha de su casa para borrar el nombre de un político?

Puede significar hartazgo, rivalidad política, una guerra entre grupos o simplemente que alguien está cansado de ver la ciudad tapizada de nombres que no pidió.

No obstante, cualquiera de las respuestas debería preocuparnos, ya que, la política consiste en convencer a la gente, no obligarla a convivir con la imagen de un aspirante cada vez que sale de su casa.

Mientras tanto, los partidos solo observan. Algunos denuncian cuando les conviene y otros guardan silencio cuando el beneficiado es de su propio grupo

El problema no es únicamente si una barda viola o no una norma, el problema es la velocidad con la que se está normalizando el abuso del espacio público y también, que nos quieran vender una candidatura como si fuera un hecho consumado antes de preguntarnos si la queremos.

Y si ya tuvieron que empezar a pelearse por las bardas antes de tener una candidatura, quizá deberían detenerse un segundo y preguntarse algo mucho más importante: ¿qué están intentando construir, una campaña o una necesidad de que los conozcamos a la fuerza?

DE TOCHO-MOROCHO