Claudia Sheinbaum propuso cambiar el nombre del famoso Paso de Cortés, entre el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, por “Paso de los Pueblos Indígenas”.
La propuesta llegó este domingo, durante la Jornada Nacional de Reforestación en Puebla y en el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas.
La presidenta argumentó que por esta zona ya transitaban comunidades originarias mucho antes de la llegada de los españoles.
¿Adiós al conquistador?
El nombre actual hace referencia a la ruta que Hernán Cortés siguió rumbo a Tenochtitlan.
Ahora Sheinbaum busca que el sitio deje de llevar el apellido del conquistador y tenga una denominación que, según su planteamiento, reconozca a los pueblos que históricamente habitaron y recorrieron la región.
Durante el mismo acto, destacó el papel de las comunidades indígenas en la conservación de los territorios.
Sostener el discurso cuesta presupuesto
La propuesta de cambiarle el nombre al Paso de Cortés puede sonar bonita en el discurso, pero resulta difícil no cuestionar las prioridades.
Mientras se plantea rebautizar una ruta histórica para reivindicar a los pueblos indígenas, el Anexo 10 del Presupuesto Federal, destinado precisamente al desarrollo de pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, pasó de 234 mil 782 millones de pesos aprobados para 2026 a 231 mil 900 millones a junio, es decir, un recorte de 2 mil 882 millones de pesos.

Si realmente se quiere reivindicar a los pueblos originarios, el reconocimiento tendría que sentirse en el presupuesto y en las condiciones de vida.
De lo contrario, ¿de qué sirve quitarle el nombre de Cortés a un paso histórico si al mismo tiempo se recortan recursos destinados a quienes, precisamente, se pretende reivindicar?









