A un par de días de la inauguración del Mundial 2026, la Ciudad de México ofrece al mundo una postal muy mexicana: bloqueos, obras inconclusas, tránsito paralizado y un fuerte operativo policiaco sobre la Calzada de Tlalpan.
Elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana bloquearon el paso a integrantes de la CNTE que intentaban avanzar por una de las principales arterias de la capital. Detrás de las vallas, el secretario de Gobierno de la CDMX, César Cravioto, aseguró que se mantiene el diálogo con las organizaciones que buscan manifestarse durante los eventos relacionados con la justa mundialista.
Sin embargo, la tensión social ocurre en medio de otro problema que resulta imposible ocultar: la falta de planeación de una ciudad que sabía desde el 13 de junio de 2018 que sería sede del Mundial 2026.
Y es ahí donde aparece la verdadera crítica. El Mundial no creó los problemas de la Ciudad de México; simplemente los está exhibiendo ante millones de personas. La justa deportiva se convirtió en el reflector perfecto para mostrar años de rezagos que nunca fueron atendidos de fondo, porque no se trata únicamente de terminar una obra o pintar una estación, sino de resolver problemas estructurales que los capitalinos padecen todos los días.
Ocho años después del anuncio mundialista, la principal vitrina internacional del país encuentra a la capital atrapada entre bloqueos, operativos, obras de última hora y un sistema de movilidad que funciona al límite de su capacidad.
Porque si algo demuestra la CDMX hoy, es que en la 4T las obras pueden ser de clase mundial… siempre y cuando nadie pregunte por qué las empezaron cuando el silbatazo inicial ya está a la vuelta de la esquina.









