“El feminismo no me representa”: una reflexión sobre los derechos que hoy disfrutamos

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Hay mujeres que dicen: “El feminismo no me representa” o “yo no le debo nada al feminismo”. Y es válido que cada una tenga su propia opinión, sus experiencias y su manera de entender el mundo. Sin embargo, vale la pena detenernos un momento y preguntarnos: ¿cuántas de las libertades que hoy ejercemos fueron posibles gracias a las mujeres que, antes que nosotras, se atrevieron a cuestionar las reglas de una sociedad que las consideraba inferiores?

Hoy podemos estudiar, trabajar, votar, administrar nuestro dinero, elegir una profesión, participar en la vida pública y decidir sobre muchos aspectos de nuestra vida personal. Aunque todavía existen obstáculos y desigualdades, estos derechos no siempre estuvieron al alcance de las mujeres. Durante siglos, muchas fueron excluidas de las universidades, limitadas al espacio doméstico y privadas de oportunidades que se consideraban exclusivas de los hombres.

El feminismo surgió como una lucha por cuestionar esas desigualdades y transformar las condiciones que impedían a las mujeres ejercer plenamente sus derechos. Gracias a décadas de organización, resistencia y trabajo colectivo, se conquistaron espacios que hoy forman parte de nuestra vida cotidiana.

En México, el derecho de las mujeres a votar y ser electas en elecciones federales llegó en 1953. Detrás de ese avance hubo mujeres que dedicaron años a exigir participación política y reconocimiento ciudadano. Antes de que muchas de nosotras naciéramos, otras ya estaban luchando para que nuestra voz pudiera contar en las urnas.

También hubo mujeres que desafiaron las barreras educativas y laborales, que exigieron igualdad ante la ley y que denunciaron la violencia dentro y fuera del hogar. Las luchas feministas contribuyeron a colocar en la agenda pública temas que durante mucho tiempo se consideraron privados, como la violencia familiar, el acoso, la discriminación y la desigual distribución del trabajo doméstico y de cuidados.

Eso no significa que todo esté resuelto. Las mujeres siguen enfrentando violencia, brechas salariales, discriminación y obstáculos para acceder a puestos de decisión. En muchas ocasiones, además de trabajar fuera de casa, continúan asumiendo la mayor parte de las responsabilidades del hogar y del cuidado de otras personas. Por eso, hablar de feminismo no es hablar únicamente de lo que ya se consiguió, sino también de lo que todavía hace falta transformar.

Es importante reconocer que no todas las mujeres se identifican con la palabra feminismo, y eso no las hace menos valiosas ni invalida sus experiencias. Existen distintas corrientes, posturas y formas de entender esta lucha. Sin embargo, no identificarse con un movimiento no borra su historia ni las contribuciones que ha hecho a la conquista de derechos.

Decir “yo no le debo nada al feminismo” puede ser una postura personal, pero también es una oportunidad para mirar hacia atrás y reconocer a quienes abrieron caminos que hoy podemos recorrer con mayor libertad. Mujeres que fueron criticadas, señaladas y, en ocasiones, perseguidas por atreverse a pedir algo que ahora parece tan natural como estudiar, votar o decidir sobre su futuro.

El feminismo no exige que todas pensemos igual ni que renunciemos a nuestras diferencias. Su propósito fundamental es que ser mujer no determine nuestras oportunidades, limite nuestras decisiones ni justifique que recibamos un trato desigual.

Tal vez no todas nos sintamos representadas por el feminismo, pero muchas de las libertades que hoy ejercemos llevan la huella de quienes lucharon por ellas. Reconocerlo no significa estar de acuerdo con cada postura feminista; significa comprender que los derechos que hoy disfrutamos son resultado de procesos históricos, esfuerzos colectivos y mujeres que se negaron a aceptar que la desigualdad fuera algo natural.

Porque antes de que pudiéramos elegir libremente, hubo mujeres que tuvieron que luchar para que esa elección fuera posible. Y reconocer su historia es también reconocer que los derechos nunca deben darse por sentados: se conquistan, se defienden y se construyen todos los días.

 

DE TOCHO-MOROCHO