El dedazo disfrazado de unidad rumbo a 2027

Artemisa llenó a Puebla de propaganda política y terminó haciéndose a un lado. Ahora, con “La Bonita” en la carrera, Morena mueve sus piezas rumbo a 2027. ¿Competencia o reparto de posiciones?

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El despliegue fue evidente, pero la candidatura nunca llegó.

Durante meses, el nombre de Laura Artemisa García Chávez se paseó por Puebla capital entre lonas, espectaculares, recorridos y despliegues territoriales. Todo apuntaba a que la maestra quería competir por la alcaldía, pero llegó el momento de cerrar filas y decidió hacerse a un lado.

La explicación fue la lealtad al gobernador Alejandro Armenta y el compromiso con un proyecto mayor.

Una salida institucionalmente correcta, políticamente conveniente y, sobre todo, bastante elegante.

Pero ¿para qué tanto despliegue si al final no habrá candidatura?

No sabemos si Artemisa se retiró por decisión propia, por una evaluación de sus posibilidades o por un reacomodo interno. Lo que sí sabemos es que la promoción no terminó en el registro y que su decisión modifica el tablero de Morena en Puebla.

El problema no es que la maestra se haya bajado del ring, sino que, después de tanto ruido, todavía queda por explicar qué tan viable era su proyecto.

Si decidió privilegiar su relación con el gobernador, habrá que respetarlo. Pero también habrá que observar qué futuro político le queda a una aspiración que ocupó tanto espacio público y terminó sin siquiera llegar al registro.

Ahora, mientras ella se mantiene al frente de Bienestar, Gabriela “La Bonita” Sánchez se prepara para registrarse en el proceso interno del partido guinda por la coordinación municipal de Puebla.

Porque la salida de una aspirante abre espacio para otra. Así funciona la política.

Y cuando ese movimiento coincide con la aparición de operadores y respaldos alrededor de una nueva contendiente, la pregunta inevitable es quién está ganando terreno y por qué.

Gaby puede construir una candidatura propia, pero tener el camino más despejado no equivale a tener la victoria asegurada.

Si “La Bonita” quiere gobernar la capital, tendrá que demostrar qué propone, qué sabe hacer y por qué sería una mejor opción que sus competidores.

Seamos honestos: en política, a veces no necesitas ganarles a todos; basta con que quienes podían competir contigo dejen de hacerlo.

Y mientras unas aspiraciones se desinflan, el reacomodo merece ser examinado, sin confundir una oportunidad con algo ya decidido.

¿Quién mueve las piezas?

En los últimos días, se ha señalado la presencia de diversos actores políticos vinculados con el Gobierno estatal alrededor del registro de la consentida, presuntamente para respaldar su aspiración.

Una imagen que inevitablemente despierta preguntas sobre quiénes están impulsando el proyecto de la boxeadora y con qué recursos lo hacen.

Porque una cosa es tener aliados políticos y otra muy distinta es que la estructura del gobierno termine confundida con la de una aspiración partidista.

¿Gaby podrá construir un proyecto capaz de sostenerse por sí mismo, más allá de los respaldos y las condiciones que hoy la favorecen?

No se trata de descalificar a nadie, sino de cuestionar una práctica demasiado común: promocionar aspiraciones, negociar posiciones y, cuando llega la hora de tomar decisiones, presentar los reacomodos como actos de unidad.

Al final, el poder tiene una costumbre peligrosa: quienes lo rodean suelen confundir el acceso con el derecho a decidir. Creen que estar cerca de la mesa significa tener asegurado un lugar en ella, hasta que alguien mueve las sillas.

Puebla no es el premio de nadie, ni la candidatura una herencia que se reparte entre quienes mejor se acomodan en el poder.

Las bardas pueden anunciar una aspiración, los operadores pueden impulsarla y los acuerdos pueden abrirle puertas. Pero ninguno de esos elementos garantiza que exista un proyecto capaz de responderle a la ciudadanía.

Y esa es la diferencia que todos los partidos tendrán que demostrar rumbo a 2027.

Sean guindas, rojos, azules o naranjas, si quieren ganar un hueso en Puebla, tendrán que demostrar que la competencia interna no es un simple reparto de posiciones y que los poblanos no están ahí para aplaudir decisiones tomadas de antemano.

Porque una candidatura puede construirse desde el poder. La legitimidad, en cambio, tiene que ganarse.

DE TOCHO-MOROCHO