Colegio Humboldt reprobó la materia más importante: la seguridad

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Se supone que los padres llevan a sus hijos a la escuela para que aprendan matemáticas, español y ciencias, no para poner a prueba su supervivencia dentro de las instalaciones.

Una niña de 8 años cayó a una cisterna de aproximadamente dos metros de profundidad dentro del Colegio Humboldt y sufrió lesiones en las vértebras. Sin embargo, la indignación no termina ahí.

De acuerdo con la denuncia de los padres, la reacción del personal fue tan improvisada como preocupante. Un conserje ingresó a la cisterna y la sacó cargándola de la cintura, mientras un prefecto identificado como Mario la jaló de las axilas, todo sin aplicar protocolos de emergencia ni esperar la intervención de personal capacitado.

¿Y los protocolos? Bien, gracias

Porque la pregunta no es solo cómo una niña terminó dentro de una cisterna.

La pregunta es: ¿cómo una cisterna quedó al alcance de un alumno dentro de una institución educativa que presume excelencia?

Y la segunda pregunta es todavía peor: ¿en serio la estrategia de emergencia fue “jálenla como puedan”?

La excelencia también debería incluir seguridad

Lo más preocupante es la percepción de los padres: que la institución intenta lavarse las manos en lugar de asumir responsabilidades.

Porque los colegios no solo cobran colegiaturas; también cobran la confianza de las familias.

Y esa confianza se rompe cuando una niña sale lesionada y la respuesta parece más una improvisación de último minuto que un protocolo profesional.

Porque una escuela puede presumir idiomas, tecnología e instalaciones modernas, pero si no puede garantizar la seguridad básica de sus alumnos, todo lo demás pierde sentido.

DE TOCHO-MOROCHO