Lo que comenzó como una nueva jornada de protesta de maestros terminó entre empujones, detonaciones y acusaciones de represión en las inmediaciones del Zócalo capitalino. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) volvió a tomar las calles para exigir respuestas a demandas que, aseguran, han sido ignoradas durante años por distintos gobiernos.
Miles de docentes llegaron al Centro Histórico con una exigencia central: la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, una reforma que consideran lesiva para sus derechos laborales y de jubilación. También demandan mejoras salariales y una negociación real que vaya más allá de los discursos oficiales.
Sin embargo, en lugar de una mesa de diálogo, los maestros se encontraron con un Zócalo blindado por vallas metálicas y elementos policiacos. La Plaza de la Constitución permanece restringida debido a los preparativos relacionados con el Mundial de Futbol 2026, una imagen que para muchos manifestantes simboliza las prioridades del gobierno: proteger eventos internacionales mientras los reclamos de miles de trabajadores siguen sin resolverse.
La tensión aumentó cuando un grupo de docentes intentó acercarse al primer cuadro de la ciudad y la respuesta inmediata de los elementos de seguridad fueron empujones, extintores y reportes del uso de gases, la protesta escaló hasta convertirse en un nuevo episodio de confrontación.
Tras los incidentes, la dirigencia de la CNTE decidió instalar un plantón sobre la calle 20 de Noviembre y endurecer su postura frente al gobierno federal. Lejos de desactivar el conflicto, la jornada terminó fortaleciendo la determinación del magisterio de mantener el paro nacional y continuar con las movilizaciones.
Los dirigentes exigieron que el Gobierno federal explique públicamente, con la misma visibilidad de las conferencias mañaneras, por qué considera imposible eliminar la Ley del ISSSTE. También cuestionaron que existan acuerdos y acercamientos con grupos empresariales mientras las demandas de quienes sostienen el sistema educativo público siguen sin encontrar una solución de fondo.
Para los maestros, el problema ya no se limita a una reforma o a un incremento salarial. Se trata de años de promesas, mesas de negociación que no llegan a resultados concretos y decisiones tomadas sin escuchar a quienes pasan gran parte de su vida frente a un salón de clases.
A pocos días de que México busque proyectar una imagen de organización y modernidad ante el mundo con la Copa del Mundo de 2026, las escenas de confrontación en el corazón de la capital exhiben otra realidad: la de un conflicto social que permanece abierto y que, pese a los cambios de gobierno, sigue sin encontrar respuestas. Mientras las autoridades hablan de transformación, miles de docentes aseguran que continúan esperando justicia laboral








