Las declaraciones de Mauricio Ymay provocaron una ola de indignación. El periodista deportivo sugirió usar balas de goma, tanquetas y agua a presión contra las madres buscadoras para evitar afectaciones durante el Mundial de 2026.
Más allá de una opinión desafortunada, sus palabras exhibieron una postura alarmante: priorizar la comodidad, la imagen de un evento internacional y la circulación en las calles por encima del dolor de miles de familias.
Porque hay algo que no se puede perder de vista: las madres buscadoras no protestan por capricho, salen a las calles porque el Estado les falló. Buscan a sus hijos, hijas, esposos y familiares que desaparecieron y a quienes las autoridades no han logrado encontrar.
Por eso, proponer mecanismos de represión contra ellas no solo resulta insensible, también es peligroso. Normaliza la violencia y manda un mensaje preocupante: que las víctimas son un problema que debe apartarse para no incomodar.
Durante la conversación, David Faitelson lo frenó en vivo con una frase contundente: “Se quedó en los tiempos de Videla. No estamos para eso”.
Tras la polémica, Ymay publicó un comunicado y ofreció disculpas. Aseguró que su intención era hablar de orden y seguridad, no atacar a las madres buscadoras ni a sus causas.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Porque cuando una figura pública plantea responder con balas, tanquetas y agua a presión a quienes exigen justicia, el debate deja de ser deportivo y se convierte en un asunto de derechos humanos.
La discusión también deja una pregunta incómoda: ¿en qué momento el éxito de un espectáculo deportivo empezó a valer más que la exigencia de verdad y justicia?
El Mundial de 2026 durará unas semanas. En cambio, hay madres que llevan años buscando a sus hijos y enfrentando la indiferencia de las autoridades.









