Varios miles de adultos, menores y familias completas de migrantes avanzaban el día de Navidad a pie por las carreteras de Chiapas.
Muchos están tristes por pasar esta tradicional festividad caminando, pero con la esperanza de que las autoridades mexicanas les permitieran llegar hasta la frontera con Estados Unidos.
El grupo, unas 6 mil personas entre las que había muchos centroamericanos, venezolanos o cubanos, partieron de Tapachula, casi en la frontera con Guatemala.
Pasaron la Nochebuena en un parque, a unos 13 kilómetros de esa ciudad. Iglesias y vecinos de la zona repartieron bocadillos, plátanos, agua y en algunos casos pollo para los niños en una atípica cena navideña.
La caravana, que el lunes avanzó unos 30 kilómetros hasta la localidad de Huixtla, donde los migrantes pernoctarían en una cancha deportiva, es la mayor que se ha formado este año y tiene lugar en vísperas de que una delegación de alto nivel de Estados Unidos llegue a México para acordar con el presidente Andrés Manuel López Obrador nuevas medidas para controlar el creciente flujo de migrantes por la región.
La policía local y la Guardia Nacional siguieron el avance del grupo sin intervenir. En un punto del camino, una familia se apostó sobre la carretera para regalar tamales y agua.
La formación de estos grupos ha sido constante en los últimos años ante la lentitud de los procesos de regulación migratoria en Tapachula y a la falta de opciones de vida digna y de trabajo para que los extranjeros puedan costearse la espera de documentos en esa ciudad.
Desde finales de 2021, las autoridades suelen optar por dejar que los migrantes se cansen y disolver los grupos ofreciéndoles documentación temporal que, en muchos casos, los extranjeros utilizan para seguir el viaje al norte por su cuenta.



