Unos quieren repetir, otros quieren regresar y algunos más se sienten tan iluminados que creen que la próxima elección se hizo exclusivamente para cumplirles sus caprichitos.
Basta echarle un ojo al escenario, para darse cuenta de que más de uno ya anda en modo campaña. Que si reuniones, que si recorridos, que si fotografías con la ciudadanía, que si mensajes de unidad, que si discursos de compromiso. ¡Hasta parecen influencers buscando colaboraciones!
La política poblana ya se luce como aplicación de citas: todos se andan ofreciendo, presumiendo sus mejores ángulos, buscando quién les dé una oportunidad y jurando que son justo lo que el electorado necesita.
El problema es que algunos tienen más fotos que resultados y más padrinos que propuestas.
Morena, por supuesto, no podía quedarse fuera del espectáculo. Ahí se puso bueno el casting y llegaron muchos a ofrecerse como tributo, pero hasta ahorita la pelea por la alcaldía de Puebla capital se está cerrando en dos personitas: Pepe Chedraui y Gabriela “La Bonita” Sánchez
El alcalde de la famosa “Capital Imparable” conocida como la cuarta ciudad más insegura de todo México, quiere quedarse en el palacio. Pero estaría perfecto que antes de andar soñando, se pusiera a cumplirle a las y los poblanos.
Que explique qué ha cambiado en la ciudad y no se limite a vendernos que todo va de maravilla. Porque para hacerse cargo de los problemas, anda muy calladito.
Y del otro lado está Gabriela “La Bonita” Sánchez, que también quiere “hacer el cambio”. Su popularidad como boxeadora le ha dado reflectores, pero gobernar Puebla no es subirse al ring, repartir golpes y esperar que el público levante las manos.
¿Logrará “La Bonita” saber administrar una ciudad que tiene broncas de sobra?… Porque una cosa es tener habilidad para el box y otra muy distinta tener capacidad para gobernar.
Y mientras en el partido guinda se pelean por ver quién se queda con la joyita de la capital, los demás tampoco están precisamente dormidos.
En el PAN, Eduardo Rivera vuelve a aparecer en el tablero político, aunque ahora tiene un asunto bastante incómodo encima: la sanción administrativa que le impuso la Contraloría Municipal, con inhabilitación y multa.
El exalcalde andaba muy tranquilo, hasta que le cayó la poli y solo se pudo defender con sus discursos de persecución, conspiraciones y comunicados larguísimos para convencernos de que todo es un ataque.
Si él o cualquier otra figura del pasado quieren regresar al poder, tendrán que aguantar que les revisen hasta el último cajón.
Del PRI mejor ni hablemos porque ellos andan como si estuvieran en plena fiesta. Xitlalic Ceja y la dirigencia tienen una tarea bastante complicada: demostrar que el tricolor todavía tiene algo más que recuerdos, nostalgia y un álbum de fotografías de cuando comía bien.
Y Movimiento Ciudadano tampoco puede confiarse en que por pintarse de naranja ya se convirtió automáticamente en la alternativa fresca. Porque de lo único de lo que se les ve ganas a los naranjitos, es de seguir pescando políticos inconformes para mostrarlos como los grandes defensores de una causa.
Y es que aquí está el verdadero problema: todos quieren ser candidatos, pero pocos quieren hablar de resultados. Todos quieren salir en la boleta, pero cuando toca responder por lo que hicieron, se hacen los desentendidos. Todos quieren el aplauso, el reflector, la oficina y, por supuesto, el sueldo; pero la parte de trabajar y aguantar críticas parece que no venía incluida en el paquete.
Los políticos ya entendieron que las redes sociales son una vitrina electoral. Por eso aparecen repartiendo sonrisas, abrazos, saludos y promesas como si estuvieran regalando muestras gratis en el súper.
Se acuerdan de las colonias, de los mercados, de las juntas auxiliares y hasta de la señora que vende tamales, pero curiosamente siempre cuando hay una cámara cerca.
¡Qué bonito es el amor por el pueblo cuando se acerca la elección!
Pero cuidado, porque tampoco se trata de prohibirles que aspiren a otro cargo.
Que levanten la mano, que compitan y que se partan la madre en las urnas si quieren. El problema es que no pueden utilizar el puesto que hoy ocupan como trampolín para brincar al siguiente hueso mientras dejan los pendientes aventados.
Porque el servicio público no es una agencia de colocaciones para políticos desempleados de poder. Tampoco es una tómbola donde los mismos de siempre se reparten las sillas y se turnan el presupuesto. Y mucho menos una beca vitalicia para quienes descubrieron que vivir de la política resulta bastante cómodo.
Si van a presumir democracia interna, que permitan competir de verdad; si van a hablar de perfiles ciudadanos, que no terminen premiando a los consentidos de siempre; y si van a vender renovación, que dejen de reciclar a los mismos personajes con diferente camiseta.
Porque Puebla no necesita más políticos profesionales en el arte de acomodarse. Necesita gente que sepa trabajar, que dé la cara y que no confunda gobernar con andar de gira permanente para promocionarse.
Así que a los calenturientos electorales les tenemos una noticia: todavía tienen responsabilidades que cumplir. Antes de andar preguntando quién los apoya, estaría bueno que revisaran quiénes están esperando que hagan su trabajo.
Porque para buscar seguir comiendo de lo público ya hay fila, para tomarse fotografías sobran voluntarios y para prometer el cielo y las estrellas hasta se pelean el micrófono. Pero cuando llega la hora de entregar cuentas, ahí sí todos se hacen chiquitos.
Y mientras ellos andan viendo qué candidatura les acomoda, los ciudadanos siguen esperando que alguien les resuelva los problemas de todos los días.
Así que la pregunta no es quién quiere ser candidato en 2027. La verdadera pregunta es: ¿quién carajos está gobernando mientras todos andan de ofrecidos buscando el siguiente hueso?









