Ni la juventud, ni una condición física envidiable, ni meses de entrenamiento fueron suficientes.
Rachel Apa, de apenas 24 años, tenía una vida ligada al deporte y estaba a punto de cumplir el reto de correr su primer maratón, pero la meta nunca llegó.
La joven, exjugadora de hockey sobre césped de División I en la Universidad de Bucknell, colapsó mientras corría el Maratón de Nueva York.
Le faltaban apenas dos millas para terminar los 42 kilómetros cuando su cuerpo dijo basta.
Su padre, Steve Apa, le enviaba mensajes para animarla durante el recorrido. Sin embargo, a punto de terminar la carrera, la aplicación dejó de registrar sus movimientos.
Testigos y personal médico intentaron reanimarla, incluso utilizaron un desfibrilador.
En el Mount Sinai Medical Center, los médicos lucharon durante horas para salvarle la vida, pero Rachel murió esa misma noche.
Los médicos atribuyeron su fallecimiento a una rabdomiólisis, una condición en la que el músculo se descompone y libera sustancias al torrente sanguíneo que pueden provocar daños graves en órganos potencialmente mortales.
Rachel estaba a dos millas de cumplir su sueño. No llegó a la meta, pero su historia ya dejó una dolorosa advertencia.










