Mtro. Gerardo Galicia
Todavía faltan varios meses para las elecciones de 2027 y en Puebla parece que algunos políticos ya están más preocupados por aparecer en las encuestas que por resolver los problemas de los ciudadanos.
Comienzan las aspiraciones, los movimientos internos, las fotografías, los discursos y las estrategias para posicionar nombres.
Pero hay algo que todavía no aparece con la misma intensidad:
Las propuestas.
¿Dónde están los proyectos para enfrentar la inseguridad? ¿Las estrategias para generar empleos mejor remunerados? ¿Los planes para mejorar los servicios públicos, combatir la corrupción o atender el crecimiento desordenado de nuestros municipios?
Porque una cosa es querer ganar una elección y otra muy distinta es estar preparado para gobernar.
Y mientras los partidos se concentran en quién será candidato, millones de ciudadanos observan una política que frecuentemente parece más interesada en conservar el poder que en resolver sus problemas.
2027: mucho más que una disputa entre partidos
El próximo 6 de junio de 2027, Puebla renovará sus 217 presidencias municipales y 41 diputaciones locales, de las cuales 26 serán electas por mayoría relativa y 15 por representación proporcional.
También participará en la renovación de la Cámara de Diputados federal.
No será una elección menor.
Estarán en juego las administraciones municipales que decidirán sobre servicios públicos, seguridad preventiva, desarrollo urbano, infraestructura y el ejercicio de importantes presupuestos públicos.
También se renovará el Congreso local, responsable de legislar, aprobar presupuestos y fiscalizar el ejercicio del poder.
Por eso resulta preocupante que buena parte de la conversación política se reduzca a quién encabeza una encuesta, quién tiene mejores relaciones o quién recibe el respaldo de determinada estructura partidista.
La popularidad puede ganar elecciones, pero no garantiza capacidad para gobernar.
El abstencionismo: una advertencia que los partidos deberían escuchar
Los datos oficiales muestran que Puebla enfrenta un desafío importante en participación electoral.
De acuerdo con el Instituto Nacional Electoral, en los comicios de 2024 participó 64.3% de la ciudadanía inscrita en la lista nominal del estado.
Esto significa que 35.7% no acudió a votar.
En términos sencillos, aproximadamente uno de cada tres electores decidió no participar.
Y wso ocurrió durante una elección presidencial, cuando normalmente existe mayor movilización política.
En los comicios intermedios de 2021, la participación poblana fue menor, cercana al 55%.
Por lo tanto, 2027 representa un desafío.
Porque no habrá elección presidencial ni renovación de la gubernatura de Puebla.
Los partidos deberán convencer a los ciudadanos de participar en una contienda centrada principalmente en diputaciones y ayuntamientos.
Y no deberían dar por hecho que la ciudadanía acudirá automáticamente a las urnas.
Una democracia donde millones de personas no participan merece una revisión profunda de la relación entre representantes y representados.
La desconfianza tiene números
La apatía electoral no puede explicarse solamente diciendo que a los ciudadanos no les interesa la política.
También debemos preguntarnos qué han hecho los políticos para merecer su confianza.
La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2025 del INEGI, publicada en 2026, encontró que apenas 23.9% de la población adulta encuestada a nivel nacional manifestó mucha o algo de confianza en los partidos políticos.
En contraste, 83.9% consideró frecuentes o muy frecuentes los actos de corrupción en ese sector.
Los gobiernos municipales tampoco obtuvieron resultados particularmente favorables: solamente 42.8% expresó confianza en ellos.
Son indicadores nacionales, no estimaciones específicas para Puebla, pero revelan un problema estructural de credibilidad.
¿Cómo pretenden los partidos convencer a los ciudadanos de votar si las propias instituciones políticas enfrentan semejantes niveles de desconfianza?
La respuesta no debería ser contratar más publicidad.
Debería ser recuperar la credibilidad mediante resultados, transparencia y propuestas serias.
Porque la confianza no se construye solamente durante las campañas.
Se construye gobernando.
Puebla necesita proyectos, no solamente candidatos
En los próximos meses veremos aspirantes que hablarán de transformación, continuidad, cambio, progreso y bienestar.
Palabras que hemos escuchado durante décadas.
Pero los ciudadanos deberían comenzar a exigir algo más.
Si alguien aspira a gobernar Puebla capital, San Andrés Cholula, San Pedro Cholula, Cuautlancingo, Tehuacán, Atlixco o cualquier otro municipio, debería presentar un diagnóstico concreto de los problemas que pretende resolver.
¿Cuál es su propuesta de seguridad pública?
¿Cuánto costará?
¿De dónde saldrán los recursos?
¿Qué indicadores utilizará para medir resultados?
¿Qué hará durante sus primeros cien días?
¿Qué metas pretende cumplir al finalizar los tres años de gobierno?
Y, sobre todo:
¿Qué experiencia y preparación tiene para ejecutar lo que promete?
Porque ofrecer mejores calles, mayor seguridad y servicios eficientes resulta sencillo frente a un micrófono.
Lo complicado es demostrar cómo se conseguirán esos resultados.
La democracia no debería ser un concurso de popularidad
Uno de los principales problemas de la política contemporánea es que hemos comenzado a confundir posicionamiento con preparación
Un aspirante puede tener miles de seguidores.
Puede aparecer constantemente en medios de comunicación.
Puede realizar eventos multitudinarios.
Puede encabezar encuestas de reconocimiento.
Pero nada de eso demuestra que conozca administración pública, finanzas municipales, planeación estratégica, legislación, políticas públicas o gestión de servicios.
Y ahí tenemos una enorme responsabilidad como ciudadanos.
No basta con preguntar quién es el más conocido.
Deberíamos preguntar quién tiene mejores propuestas.
Quién cuenta con un equipo profesional.
Quién entiende los problemas del municipio.
Quién tiene antecedentes de resultados.
Y quién puede explicar cómo financiará sus compromisos.
La democracia se empobrece cuando elegimos por simpatía a quienes después deberán tomar decisiones técnicas y administrar millones de pesos.
Los jóvenes: entre el desencanto y la oportunidad de participar
Otro desafío será convencer a los jóvenes de que la política también les pertenece.
Durante años hemos escuchado que las nuevas generaciones muestran poco interés por los partidos tradicionales.
Pero sería un error interpretar el rechazo a ciertas prácticas políticas como falta de interés por los asuntos públicos.
Los jóvenes participan en causas sociales, ambientales, culturales, educativas y comunitarias.
El problema aparece cuando no encuentran en los partid









